Rob Halford mantiene su lugar central en la historia del heavy metal. Desde su residencia en Phoenix, Arizona, el músico británico, de setenta y cuatro años, conserva una pasión inalterable por la música y se prepara para celebrar el aniversario de Judas Priest con la gira Faithkeepers en 2026, según una entrevista publicada por Mojo.
En su infancia, la música formaba parte de su entorno familiar. “Cuando era niño, seis o siete años, me quedaba con mis abuelos. Tenían la radio encendida: Arthur Askey, Billy Cotton y su orquesta, música clásica y popular. También compraban discos de 78 revoluciones”, recordó Halford. Explicó que esa fascinación temprana lo llevó a buscar “cómo me hacía sentir la música”.
La adolescencia de Halford coincidió con la explosión de la escena musical británica de los 60. “Me encantó haber nacido en 1951. Llegué a la adolescencia justo con el inicio de los Beatles, de los Rolling Stones. Había esa rivalidad entre Liverpool y Londres que me fascinaba”, expresó.

Subrayó la influencia de músicos locales: “Ver a Slade crecer y saber que Noddy Holder vivía al final de la calle fue increíblemente inspirador. Lo mismo con Black Sabbath. ¿Qué habría pasado si Black Sabbath no hubiera estado allí? Podrías hacer esa pregunta a mil grupos y muchos dirían: ‘No estaríamos aquí ahora.’”
El entorno familiar apoyó sus aspiraciones artísticas, apartándolo del destino habitual de las familias obreras. Halford evocó el valor de ese respaldo para iniciar su camino en la música.
El inicio de Judas Priest representó un momento crucial. “Ese primer ensayo con Judas Priest está incrustado en mi cerebro. Solo estar allí donde Slade solía ensayar fue algo especial. Fue ruidoso, muy apasionado. Recuerdo sentir que algo ocurría, había química. Juguemos esto frente a la gente y veamos cómo reaccionan”, relató Halford, según Mojo.

Sostuvo que, a pesar de los años difíciles y la incertidumbre, nunca sintió derrota: “Existe ese estilo de vida trabajador, de vivir de cheque a cheque, que se encuentra en las entrañas del heavy metal temprano. Solo esperábamos encontrar un sitio donde encajáramos”.
El ascenso de Judas Priest coincidió con la consolidación del género. El grupo enfrentó el rechazo y la incomprensión de la crítica y parte de la industria. “El metal era visto como horrible, insignificante, que nunca iba a durar. Pero Sabbath tocaba metal y tenía éxito. Eso fue una prueba para nosotros”, explicó Halford.
La llegada a Estados Unidos en 1977 marcó un punto de inflexión. “Tuvimos la oportunidad de abrir para Led Zeppelin ante 70.000 personas. Pensé: Esto es todo. Algo grande va a suceder. Y así fue. El metal se generalizó en Estados Unidos. El éxito es más dulce así”, consideró Halford.

En los 80, mientras Judas Priest alcanzaba la cima, Halford lidiaba con la exigencia de ocultar su orientación sexual y con la adicción. “Tengo fama, adulación, pero seguía en una prisión mental. No sabía que era adicto hasta que llegué al punto en que no podía funcionar. No podía cantar en el estudio sin beber. Me di cuenta de que beber no me iba a cambiar, no iba a enmascarar mi identidad sexual”, comentó a Mojo. “Hay una camiseta para esto: ¡Me bebí lo gay!”
La presión de la industria musical y la imposibilidad de vivir con libertad complicaron su situación personal. “No podía ir a bares gay después de los conciertos porque la disquera decía: ‘No hagas eso, toda tu carrera se hundirá si se sabe’. Habría sido el final”, admitió Halford.
A mediados de los 80 inició un proceso de rehabilitación y logró la sobriedad, aunque el camino permanece como un reto diario. “Lo mejor de estar en recuperación es que hay alegría, pero el dolor nunca se va. Hay dolor por cómo te lastimas, por cómo hieres a otros. Hay enmiendas que necesito hacer desde hace años”, reconoció.

El año 1990 significó para Judas Priest un juicio por incitación tras acusaciones de incluir mensajes subliminales en una de sus canciones.
“No podíamos entenderlo. No tenía sentido. Al principio pensamos que era una broma. Luego nos dimos cuenta de que teníamos que volar a Nevada y luchar por nuestras vidas. Fue tan surrealista”, rememoró Halford. Reflexionó sobre el resultado: “Si el caso hubiera ido en otra dirección, podría haber abierto las compuertas”.
Tras abandonar temporalmente Judas Priest a comienzos de los 90, Halford valoró los errores cometidos. “Nunca dejes tu banda. Nunca. Si vas a hacer algo aparte, asegúrate de que todos estén de acuerdo y tengas algún tipo de entendimiento. No teníamos eso en Priest”, advirtió.

Se sumó entonces al proyecto alternativo Fight: “Empezar Fight fue similar a los primeros días con Priest, aunque en un lugar más lujoso porque contaba con lo necesario para lanzar el grupo”.
Con el paso del tiempo, Halford encontró estabilidad junto a Thomas Pence, su esposo, y aprendió a disfrutar de la vida cotidiana lejos del escenario. “En el pasado, iba a clubes siete noches a la semana, una mariposa social. Ahora valoro la paz y la tranquilidad. Sin embargo, todavía amo mi metal. Pongo música todos los días”, contó a Mojo.
La banda se prepara para el lanzamiento de su vigésimo álbum y para los eventos conmemorativos de 2026. “Mantener la fe, eso es lo que hemos estado haciendo colectivamente como banda. Rob es una de las personas más genuinas que he conocido”, declaró uno de sus compañeros, en palabras recogidas por el medio británico.

La energía y el entusiasmo de Halford por el proceso creativo musical permanecen intactos. Siempre busca nuevas ideas y mantiene vivo su compromiso con el heavy metal y el futuro de Judas Priest. Su pasión y autenticidad siguen siendo el motor de su carrera.
