
Descubrir cómo vencer a bacterias resistentes ya pasó a ser una prioridad global.
Las bacterias resistentes causan miles de muertes cada año y aumentan la duración de las internaciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera esta amenaza como una de las más graves para la medicina de hoy.
Un equipo internacional desarrolló una estrategia innovadora que permite anticipar si un antibiótico tendrá éxito en el tratamiento de infecciones bacterianas difíciles.
El avance ofrece esperanza para personas afectadas por infecciones pulmonares graves, donde los tratamientos convencionales suelen fallar.

La investigación, que fue publicada en Nature Microbiology, demostró que la velocidad con la que una bacteria muere al exponerse a un antibiótico sirve como mejor pronóstico que las pruebas tradicionales.
Es una colaboración de investigadores de Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Australia y Países Bajos. Las instituciones incluyeron la Universidad de Cambridge, la Fundación para la Fibrosis Quística y hospitales universitarios de Europa y Oceanía.

El trabajo se enfocó en infecciones causadas por micobacterias no tuberculosas, especialmente Mycobacterium abscessus, que afecta a personas con fibrosis quística. Estas bacterias logran sobrevivir a los antibióticos, aun sin resistencia genética.
El reto central radica en que los métodos convencionales, como la concentración mínima inhibitoria (MIC), no siempre predicen si el paciente mejorará. Muchos enfermos no responden a los fármacos pese a tener resultados favorables en laboratorio.
Los investigadores buscaron una herramienta que permitiera anticipar el éxito del tratamiento para infecciones de difícil manejo.

El objetivo fue comprobar si la rapidez de la muerte bacteriana puede convertirse en un parámetro clínico útil.
Para ello, se desarrolló una tecnología capaz de identificar células vivas y muertas en tiempo real. Esta técnica se conoce como ASCT y permite analizar la tolerancia bacteriana, un concepto diferente a la resistencia clásica.

Los investigadores analizaron más de 18.000 curvas de muerte bacteriana y estudió 130 millones de células expuestas a antibióticos.
Los resultados mostraron que la tolerancia bacteriana depende en gran medida de la genética de cada cepa.
El método usa colorantes que marcan bacterias muertas y permite distinguirlas de las vivas. Se comprobó que la tolerancia y la resistencia no son lo mismo: la primera se mide por el área bajo la curva de muerte bacteriana, la segunda por el MIC.
El análisis permitió ver que una bacteria puede sobrevivir al antibiótico incluso si no es resistente según los parámetros tradicionales. La tolerancia bacteriana se asoció a una peor respuesta clínica en los pacientes.
Al combinar datos de tolerancia y resistencia, la predicción del resultado clínico mejoró notablemente.

El área bajo la curva ROC aumentó de 0,69 a 0,78, lo que indica una mayor precisión para anticipar la eliminación de la infección.
Otra observación relevante fue que la tolerancia cambia según el tipo de antibiótico. Los mecanismos de supervivencia bacteriana varían según el blanco molecular del fármaco, lo que podría orientar terapias más eficaces.
La plataforma ASCT demostró su utilidad tanto en laboratorio como en modelos animales y pacientes. Los investigadores concluyeron que este enfoque puede aplicarse a otras bacterias y patógenos multirresistentes.

El estudio recomienda incluir la tolerancia bacteriana en los análisis clínicos, para seleccionar mejor los tratamientos y aumentar las chances de éxito.
Entre las limitaciones, el método detecta la muerte bacteriana por daño en la membrana, lo cual es más preciso para ciertos antibióticos.
La técnica no contempla factores propios del paciente, como inmunidad o distribución del fármaco.
A pesar de estas limitaciones, la investigación abre la posibilidad de transformar el manejo de infecciones resistentes y permitir que se usen estrategias personalizadas y aumente la tasa de curación en casos complejos.
