El secretario de Estado Marco Rubio colocó a Nicaragua en la mira de Washington al señalarla como una de las bases de operaciones rusas en el hemisferio occidental, durante su comparecencia del 28 de enero ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, donde explicó el operativo militar que culminó con la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro.
Rubio dijo que Moscú utilizó a Venezuela como plataforma regional, “junto con Cuba y Nicaragua”, para proyectar sus intereses estratégicos en América Latina.
Según el jefe de la diplomacia estadounidense, ese entramado convirtió a Venezuela en un nodo para adversarios de Estados Unidos, lo que justificó la acción militar.

Al mencionar explícitamente a Nicaragua como parte de la red rusa en el hemisferio, Washington la coloca bajo un escrutinio directo, en un momento en que Estados Unidos redefine su estrategia de seguridad regional y evalúa cómo responder a la presencia de potencias foráneas en la región.
Para el analista en Seguridad, Roberto Orozco, la dictadura de Ortega “es un pendiente” en la agenda del presidente Donald Trump y considera que buscará como resolverlo antes de que culmine su mandato, en enero de 2029.
Desde que Daniel Ortega regresó a la presidencia de Nicaragua en 2007, tras 16 años de ausencia del poder, los vínculos entre Managua y Moscú se han estrechado en ámbitos políticos, militares y de seguridad que hoy generan preocupación en Washington.

La relación entre ambos países tiene raíces históricas que se remontan a los años de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética fue el principal aliado militar y proveedor de armas del gobierno sandinista, pero cobró nueva fuerza con el ascenso de Vladimir Putin en Rusia y el retorno de Ortega al gobierno nicaragüense.
La cooperación militar actual entre Rusia y Nicaragua se ha consolidado mediante acuerdos intergubernamentales, visitas de delegaciones y la firma de pactos que buscan formalizar una cooperación estratégica que incluye intercambio de entrenamiento, experiencias y coordinación en seguridad.
En octubre de 2025, ambos países firmaron un acuerdo intergubernamental de cooperación militar que prevé el intercambio de información, coordinación en defensa radiológica, química y biológica, capacitación de personal militar y asistencia mutua en seguridad regional, además de la creación de un grupo de trabajo conjunto para elaborar planes anuales de cooperación.
Paralelamente, en 2025 se firmó un acuerdo de capacitación militar que contempla 16 puntos para el intercambio de experiencia y adiestramiento entre fuerzas armadas de ambos países por un periodo de cinco años, con posibilidad de renovación. Este pacto también incluye la planificación de visitas de delegaciones nicaragüenses a Rusia para observar ejercicios militares y fortalecer el vínculo entre los ejércitos.
Desde 2017 funciona en Managua un “Centro de capacitación del Ministerio del Interior de Rusia” que fue ratificado mediante un acuerdo de cooperación en materia policial en abril de 2024.
Ese centro, financiado y gestionado con apoyo ruso, tiene por objeto instruir a policías nicaragüenses, y a agentes de otros países de la región, en técnicas que van desde la lucha contra el crimen organizado hasta métodos represivos que expertos describen como no compatibles con prácticas democráticas.
El analista de seguridad Roberto Orozco sostiene que este componente policial es clave para entender la preocupación de Washington. “El apoyo ruso a Nicaragua está materializado más en materia de represión policial, a través del centro de capacitación del Ministerio del Interior ruso en Managua”, explicó.
Según Orozco, a la fecha “se han capacitado unos 4,200 policías de toda la gama de dependencias policiales”, incluyendo inteligencia e investigación económica, además de cadetes que han sido enviados a Moscú para entrenarse en espionaje digital, algo que, subrayó, “es público, incluso está en la página web de la Policía”.
El centro de instrucción policial ha sido sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que considera que fortalece las capacidades represivas del régimen Ortega-Murillo y que fue utilizado para entrenar a fuerzas que actuaron durante las protestas antigubernamentales de abril de 2018.
El propio Daniel Ortega disipó cualquier duda sobre el funcionamiento del centro ruso cuando, en 2023, durante un acto de la Policía Nacional, afirmó que éste sirve para “enfrentar mejor a los golpistas”, término con el que el régimen describe a los manifestantes que protestaron en 2018 y cuya represión dejó más de 300 muertos según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la OEA.
El entonces embajador ruso en Managua, Andrey Budaev, presentó al centro de entrenamiento como un proyecto impulsado directamente por Vladimir Putin y Daniel Ortega, con el objetivo de “combatir el crimen organizado”.

Otra pieza clave del complejo de presencia rusa en Nicaragua es la estación satelital que opera en las afueras de Managua, oficialmente parte del sistema de posicionamiento Glonass, de la agencia espacial rusa Roscosmos.
Inaugurada en 2017, esta instalación, ubicada cerca de la laguna de Nejapa, ha sido presentada por el régimen nicaragüense como una estación satelital civil, pero expertos y diplomáticos han señalado su potencial uso en funciones de inteligencia y vigilancia electrónica regional.
Orozco coincide con esa evaluación. “GLONASS es la fachada, pero más por la presencia de ese plantel ruso en Nejapa es que Estados Unidos considera a Rusia en Nicaragua una amenaza a su seguridad nacional”, afirmó.
Según su análisis, en esa zona “se está dando espionaje electrónico, se supone que espionaje digital, posicionamiento de puntos de referencia de GLONASS, que es el GPS ruso, y otros temas en materia de avances militares”.
Investigaciones periodísticas y fuentes vinculadas a la inteligencia nicaragüense han identificado además la presencia de sistemas de radiogoniometría y software de escucha SORM-3 en la base militar del Cerro Mokorón, en Managua, operados por personal ruso con autonomía técnica.
Ese sistema permite localizar señales de radio, teléfonos y otros dispositivos en el territorio, así como interceptar comunicaciones, funciones tradicionalmente asociadas con operaciones de inteligencia.

Mientras tanto, en términos de equipamiento, Nicaragua ha recibido donaciones de material militar ruso. El Ejército de Nicaragua incorporó recientemente helicópteros, aeronaves de transporte y 18 sistemas de artillería antiaérea ZU-23AE suministrados por Moscú.
El doctor Evan Ellis, investigador del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de EEUU, sin embargo, subraya los límites reales de esa protección. “Las lecciones mostradas por la falta de voluntad y la falta de capacidad de Rusia y de sus armas para salvar a Maduro aplican a los Ortega”, afirmó.
Según el investigador, el involucramiento de Moscú en Ucrania y las dificultades logísticas hacia América Latina reducen su margen de acción: “Rusia ahora no tiene la capacidad de ser mucho más que un espectador si hay una operación contra los Ortega”.
También cuestionó la efectividad del equipamiento ruso. “Este ataque de los Estados Unidos (a Venezuela) encontró las debilidades de cómo resultó inútil el sistema S-300 ruso y otros equipos menores”, señaló, y añadió que “no se puede esperar que el equipo menor que tiene Nicaragua de Rusia pueda defenderse ante una operación como la captura de Maduro, mucho menos los Ortega”.

Estados Unidos ha elevado el nivel de atención sobre Nicaragua por considerar que estas instalaciones y acuerdos no solo benefician estratégicamente a Rusia, sino que colocan al país centroamericano en el centro de una competencia geopolítica en el hemisferio occidental.
“La resolución exitosa del caso de Venezuela abre más posibilidades y, más que nada, envía un mensaje fuerte de que la administración Trump está dispuesta a actuar contra quienes son percibidos como enemigos o adversarios de los Estados Unidos”, afirmó Ellis, y consideró que esta señal “pone un poco nerviosos no solo a los Ortega, sino también a Díaz-Canel y a otros regímenes en la región”.
Orozco coincide: “El mensaje que preocupa al régimen de Nicaragua es que Rusia ya tiene definido que no va a meter la mano. No va a meter la mano para nada”, sostuvo.
La estrategia de seguridad nacional del gobierno de Estados Unidos, firmada en noviembre de 2025, dice Orozco, establece al hemisferio occidental como la línea de defensa natural de Estados Unidos. Esa política define específicamente que no puede haber una injerencia mayor, o una injerencia que amenace la seguridad nacional de los Estados Unidos, por parte de potencias extranjeras.
Según el analista, ese entendimiento se habría definido al más alto nivel en la reunión entre el líder ruso, Vladimir Putin, y el presidente estadounidense, Donal Trump, en agosto de 2025, en Alaska, y deja a la dictadura de Ortega “a su suerte”, con un escenario que, según su análisis, se definirá “en los próximos uno o dos años”.
