
Lunes 1 de febrero de 1960. Joseph McNeil, Franklin McCain, Ezell Blair Jr. y David Richmond entraron la cafetería Woolworth’s, en Greensboro. Se sentaron en la barra reservada, entonces, a personas de pieles claras de Carolina del Norte. Eso simple gesto de sentarse estaba absolutamente prohibido y, no solo desafiaba las normas de segregación de la cadena de restaurantes, sino que desató una tensión que marcó el inicio de una protesta histórica.
Mientras todos a su alrededor los increparon, los “cuatro de Greensboro” permanecieron sentados e inmóviles. No fue todo: se quedaron hasta el cierre del local y avisaron: “Volveremos mañana con toda la universidad”.
Inspirados por la no violencia de líderes pacifistas, los estudiantes de Greensboro transformaron una simple sentada en un símbolo nacional de resistencia. Su protesta pacífica impulsó un movimiento que se multiplicó en todo el sur de Estados Unidos, con boicots y nuevas sentadas que desafiaron la segregación. Su simple acción sentó las bases para avances legales clave, como la Ley de Derechos Civiles de 1964.

Joseph McNeil, Franklin McCain, Ezell Blair Jr. y David Richmond eran estudiantes de la universidad de Carolina del Norte A&T, inspirados por la no violencia de Mahatma Gandhi y por líderes del movimiento por los derechos civiles como Martin Luther King. Aquella mañana del 1° de febrero de 1960 eligieron la cafetería Woolworth’s en Greensboro como escenario de su protesta.
En ese momento, la segregación racial estaba profundamente arraigada en el sur de Estados Unidos, tanto en la vida cotidiana como en las leyes. En Carolina del Norte, como en otros estados que habían formado parte de la Confederación, la discriminación contra los afroamericanos no solo era aceptada socialmente, sino que estaba respaldada por normativas que impedían el acceso igualitario a espacios públicos, empleos y educación. Desde la década de 1950, el movimiento por los derechos civiles había comenzado a desafiar este sistema que marginal, con acciones emblemáticas como el boicot a los colectivos de Montgomery y la resistencia de Rosa Parks, demostrando que esa desobediencia civil podía tener un impacto verdadero frente a la injusticia institucionalizada y aceptada.
Cuando los cuatro jóvenes se sentaron en una barra reservada para blancos, desafiaron esas normas segregacionistas y desataron una tensión inmediata: los empleados del bar se negaron a atenderlos, los clientes los increparon para que fueran y hasta una empleada afroamericana les gritó que se marcharan. Pero, los cuatro permanecieron inmóviles, ignorándolos, leyendo y tomando apuntes hasta que el local cerró, y antes de irse dejaron claro que regresarían. Claro que lo hicieron.
Esa primera sentada encendió un efecto dominó…

Los cuatro estudiantes que iniciaron la histórica sentada en Greensboro del 1° de febrero de 1960, desafiando la segregación racial en el sur de Estados Unidos
Tras esa primera jornada simbólica, la protesta de los “cuatro de Greensboro” —como pasaron a la historia— se multiplicó y corrió como un camino de pólvora. Al día siguiente, 25 estudiantes afroamericanos ocuparon la barra de Woolworth’s, seguidos por cuatro estudiantes blancos, todos decididos a desafiar la segregación con calma y disciplina. Sacaron libros y apuntes y comenzaron a estudiar mientras los mozos se negaban a atenderlos, y la tensión aumentaba entre los clientes, que los increpaban y los miraban enfurecidos.
No fue todo. Durante los días que siguieron, el número de participantes creció exponencialmente: el tercer día fueron 80 estudiantes los que se unieron a la protesta, y esa simple y contundente acción se convirtió en un fenómeno que empezó a trascender Greensboro. Sin redes sociales ni medios digitales, la noticia corrió de boca en boca, y llegó a los medios locales y estatales. Para el 5 de febrero, la cafetería estaba colapsada, incapaz de atender a los clientes, y las pérdidas económicas empezaron a presionar a la cadena Woolworth.

El impacto mediático fue inmediato. La imagen de estudiantes afroamericanos y blancos sentados pacíficamente frente a la discriminación racial se difundió por todo el país, inspirando nuevas sentadas y boicots en decenas de ciudades sureñas. En marzo de 1960, más de cincuenta y cinco ciudades en trece estados replicaban la acción, lo que evidenció que la protesta de Greensboro no era un hecho aislado sino el inicio de un movimiento nacional.
El auge de estas acciones también aceleró la organización de los estudiantes. Nació así el Comité de Coordinación de Estudiantes por la No Violencia (SNCC), que se convirtió en un actor clave del movimiento por los derechos civiles, participando en marchas históricas, protestas y la coordinación de futuras sentadas que mantendrían la presión sobre las estructuras segregacionistas durante años.
Con cada día que pasaba, los estudiantes demostraban que la resistencia pacífica podía ser poderosa, visible y transformadora. Lo que comenzó como un gesto simbólico en una cafetería se convirtió en un ejemplo de cómo la disciplina, la organización y la valentía de unos pocos podían desafiar un sistema de siglos de discriminación.

Lo que nació en Greensboro fue el movimiento llamado “Sit-in” (sentada), pero no se detuvo allí. Tres años después, en 1963, se produjo una protesta similar en Jackson, Mississippi, que mostró la violencia que aún enfrentaban los activistas. Los estudiantes, esta vez afroamericanos y blancos, fueron hostigados con azúcar, kétchup, sal e incluso trozos de vidrio arrojados por los clientes racistas, mientras agentes del FBI observaban la escena sin intervenir.
La foto de aquella acción recorrió el mundo, consolidando la imagen del sit-in como herramienta emblemática de la lucha por la igualdad en el sur del país.
Tanto así que tuvieron un efecto directo sobre la legislación estadounidense. Tres años de movilizaciones contribuyeron a la presión que llevó al presidente Lyndon B. Johnson a promover la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohibió la discriminación racial en lugares públicos y en el empleo, convirtiendo las acciones pacíficas de los estudiantes en un catalizador histórico de cambio social.

En 1990, los cuatro protagonistas celebraron los treinta años de su acción tomando un café en la misma cafetería Woolworth’s, y en 2002, un monumento conmemorativo fue inaugurado en la universidad de Carolina del Norte A&T, honrando su coraje y su influencia en la historia de los derechos civiles.
Con el paso de los años, el destino de los cuatro protagonistas reflejó el impacto y el legado de su gesto. David Richmond, comprometido toda su vida con la justicia social, falleció en 1990. Franklin McCain continuó activo en causas por la igualdad y los derechos civiles hasta su muerte en 2014. Ezell Blair Jr., quien adoptó el nombre Jibreel Khazan, eligió una vida discreta y se mantuvo alejado de los medios, aunque sigue siendo una figura respetada en la memoria del movimiento. Y Joseph McNeil desarrolló una destacada carrera en la Fuerza Aérea de Estados Unidos y, en ocasiones, participa en actos conmemorativos y educativos. El coraje colectivo de aquellos jóvenes no solo marcó un punto de inflexión en la lucha por los derechos civiles, sino que sus vidas posteriores continúan inspirando a nuevas generaciones.
