La obesidad, y en especial la obesidad infantil, es un problema cada vez más grave que afecta a millones de personas en el mundo. En Argentina, el 41 % de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presenta sobrepeso u obesidad, según estadísticas recientes.
Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha impulsada por la Federación Mundial de la Obesidad con el objetivo de generar conciencia sobre el impacto que produce en el organismo una alimentación desbalanceada, especialmente aquella rica en grasas y azúcares.
En San Juan, el sistema público de salud aborda esta problemática de manera específica en hospitales y centros sanitarios. En el Hospital Dr. Federico Cantoni, de Pocito, funciona un equipo interdisciplinario dedicado exclusivamente a la obesidad infantil, que atiende a niños de todas las edades y cuya zona de influencia abarca también los departamentos de Rawson y Sarmiento.
Un abordaje integral
El equipo está integrado por la doctora Laura Villafañe, pediatra; y las licenciadas Ana Laura Correa, nutricionista; Romina Corallo, trabajadora social; y Verónica Galeano, psicóloga.
“La idea surgió al advertir el crecimiento de la población infantil con exceso de peso. Desde pediatría impulsamos la creación de este consultorio para abordar la patología de manera integral, porque claramente no responde a una sola causa”, explicaron.
El enfoque no se centra en imponer dietas estrictas, sino en promover hábitos saludables. “Apuntamos a educar en una alimentación sana, a que comer bien se convierta en un hábito”, señalaron.
Para las profesionales, el cambio debe ser cultural y sostenido en el tiempo. En ese proceso, el acompañamiento de la familia resulta fundamental.
El rol clave de la familia
Si bien las consultas están dirigidas a los niños, el compromiso del entorno familiar es determinante.
“Cuando un niño inicia un plan de alimentación, pedimos que toda la familia lo acompañe y lo sostenga en el tiempo. Que cada integrante aporte su granito de arena”, remarcaron.
No obstante, reconocen que el contexto muchas veces dificulta ese acompañamiento. Familias numerosas y con limitaciones económicas enfrentan el desafío de acceder a alimentos saludables. “Muchas veces se come lo que se puede y no lo que se debe”, admitieron, reflejando una realidad social que incide directamente en los hábitos alimentarios.
Existen casos de excelente adherencia, con padres comprometidos que sostienen el proceso. En otros, las consultas comienzan con regularidad, pero luego se espacian por distintas circunstancias. Algunos niños reciben el alta en pocos meses; otros requieren seguimiento durante tres o cuatro años. Todo depende —coinciden— del nivel de conciencia y responsabilidad con que los adultos asuman la situación.
Un trabajo sostenido en el tiempo
El equipo atiende los martes y viernes, con un promedio de ocho pacientes por jornada. Según sus registros internos, cada año completan la atención de alrededor de 100 niños.
Se trata de un trabajo constante y minucioso —“de hormiga”, como ellas mismas lo definen— cuyos resultados se construyen a largo plazo.
“Queremos generar salud en los chicos, sumar años con calidad de vida”, expresaron. Y concluyeron con una frase que sintetiza el espíritu del consultorio: “No se trata de perder peso, sino de ganar vida”.




