
(Joel Bissell/Kalamazoo Gazette via AP)
Estados Unidos atraviesa una de las olas de frío más intensas y extensas de las últimas décadas, con casi 30 estados con alertas continuas por nieve, lluvia helada y temperaturas extremas bajo cero.
El fenómeno avanzó desde las Montañas Rocosas y las Grandes Llanuras hasta la costa este, con impactos directos sobre el transporte, el suministro eléctrico y la vida cotidiana de millones de personas. A primera vista, la escena parece chocar con una tendencia climática ampliamente documentada: los inviernos se volvieron más cálidos en promedio.
Sin embargo, la ciencia climática ofrece claves precisas para entender por qué un episodio de frío tan severo resultó posible en un planeta que registra récords de temperatura año tras año.

La respuesta no se apoya en una sola causa, sino en la superposición de procesos que actúan a distintas escalas, desde el Ártico hasta la corriente en chorro que gobierna el clima de las latitudes medias.
Especialistas en meteorología y clima global coinciden en que esta tormenta no contradice el calentamiento global, sino que encaja dentro de un sistema atmosférico alterado, más variable y con extremos menos frecuentes pero potencialmente más intensos.

(AP Foto/Jeff Roberson, archivo)
El primer dato científico clave se encuentra en el comportamiento del vórtice polar. Este sistema consiste en una vasta muralla de vientos que gira alrededor del Polo Norte y mantiene el aire más frío confinado en las altas latitudes durante el invierno boreal.
Cuando su estructura permanece compacta y estable, el frío extremo rara vez alcanza regiones densamente pobladas. En esta ocasión ocurrió lo contrario.
Una serie de ondulaciones profundas en la atmósfera superior estiró el vórtice y permitió que lóbulos de aire ártico descendieran hacia Estados Unidos. Ese desplazamiento explicó la llegada de temperaturas muy por debajo de cero a zonas que no suelen experimentar frío tan persistente.
El Servicio Meteorológico Nacional de EEUU advirtió sobre un “aire frío potencialmente mortal”, una expresión que resume el riesgo sanitario asociado a la hipotermia y la congelación.
La magnitud del evento sorprendió incluso a expertos acostumbrados a monitorear temporales invernales. “El hecho de que tengamos aproximadamente 2.900 kilómetros ininterrumpidos de alertas climáticas desde Arizona hasta la Costa Este demuestra la magnitud de esta tormenta”, afirmó Matthew Cappucci, meteorólogo de MyRadar a PBS, la televisión pública estadounidense.
Esa continuidad geográfica refleja un patrón atmosférico de gran escala, más propio de inviernos de décadas pasadas que del clima reciente.

El segundo dato científico apunta al origen remoto de esta ola polar: el Ártico. Las temperaturas en esa región aumentaron a un ritmo mucho mayor que el promedio global, con una pérdida acelerada de hielo marino. Ese cambio alteró los contrastes térmicos que sostienen la circulación atmosférica del hemisferio norte.
Judah Cohen, científico investigador del MIT y especialista en clima invernal, explicó que la reducción del hielo en mares como Barents y Kara desempeñó un papel central en la mayor variabilidad del vórtice polar.
“Claramente existe una fuerte relación entre los eventos de vórtice estirado y el clima invernal extremo aquí en EEUU”, sostuvo. Según su análisis, un Ártico más cálido añadió energía al sistema y facilitó configuraciones que permiten la fuga de aire frío hacia el sur.

(AFP PHOTO / Jewel SAMAD/ DDC)
Los registros respaldan esta lectura. El hielo marino del Ártico alcanzó su extensión más baja para esta época del año, un dato que los científicos consideran relevante para anticipar inviernos con comportamientos más erráticos.
Aunque no todos los eventos de frío extremo se pueden atribuir de manera directa al cambio climático, Cohen resumió el escenario con una metáfora clara.
“No estoy diciendo que ningún evento meteorológico en particular se deba al cambio climático, pero sí creo que aquí se han cargado los dados”, sostuvo.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El tercer dato científico ayuda a entender por qué esta ola polar no solo trajo frío, sino también nevadas intensas y extensas franjas de hielo. Una atmósfera más cálida retiene mayor cantidad de vapor de agua. Cuando el aire polar logra avanzar hacia latitudes medias y se encuentra con esa humedad, el resultado puede ser una tormenta invernal de gran escala.
En este episodio, el choque entre la masa de aire ártico y el aire cálido y húmedo proveniente del Golfo de México y del Pacífico generó condiciones ideales para la nieve y la lluvia helada. Estados del sur, menos acostumbrados a este tipo de fenómenos, enfrentaron rutas congeladas y tendidos eléctricos cubiertos de hielo.

El Servicio Meteorológico Nacional de EEUU alertó sobre acumulaciones capaces de provocar cortes de energía generalizados y daños significativos en árboles e infraestructuras. “Estas temperaturas bajo cero supondrán un riesgo mortal de hipotermia y congelación para la piel expuesta”, advirtió el organismo.
El mensaje refleja cómo el impacto de estas tormentas no depende solo del frío, sino de la combinación de variables que amplifican sus efectos.
El cuarto dato científico introduce una aparente paradoja. A largo plazo, las olas de frío en Norteamérica se volvieron menos frecuentes y menos extremas.
Los datos muestran que los récords de temperaturas cálidas superaron ampliamente a los de frío en las últimas décadas, incluso durante el invierno. En ciudades como Minneapolis y Cleveland, la temperatura mínima anual promedio subió más de seis grados Celsius desde la década de 1970.
Ese calentamiento sostenido reduce la probabilidad de episodios como el actual, pero no los elimina. Cuando ocurren, pueden resultar más disruptivos porque las sociedades y las infraestructuras se adaptaron a un clima menos severo. Redes eléctricas, sistemas de transporte y viviendas enfrentan mayores riesgos ante un frío que ya no forma parte de la experiencia habitual.
Jennifer Francis, investigadora del Woodwell Climate Research Center, subrayó esta complejidad al señalar que el calentamiento global no actúa de forma lineal.
“Aunque el calentamiento global está causando inviernos más cálidos en general, los eventos de clima invernal duro siguen siendo posibles —y tal vez incluso más probables— porque el calentamiento no es la única consecuencia del cambio climático causado por el hombre.
Otros ingredientes que preparan el escenario para el clima invernal extremo están en aumento, y muchos de ellos están en juego esta semana”, sostuvo.

(REUTERS/Lindsay Dedario)
El quinto dato científico conecta todos los anteriores y ofrece una mirada de conjunto. El sistema climático actual muestra una mayor variabilidad, con patrones que se alejan de la estabilidad que caracterizó a buena parte del siglo XX.
Cambios en la corriente en chorro, en la distribución del hielo marino y en la circulación atmosférica favorecen configuraciones extremas, tanto de calor como de frío.
La tormenta invernal que atraviesa Estados Unidos expuso esa nueva dinámica. Cerca de 200 millones de personas quedaron bajo algún tipo de alerta, con nevadas que superaron los 30 centímetros en amplias regiones y sensaciones térmicas que descendieron por debajo de los –46 grados Celsius en las llanuras del norte.

(REUTERS/Lindsay Dedario)
En paralelo, grandes ciudades enfrentan cancelaciones masivas de vuelos y advertencias de las autoridades de transporte.
Para los científicos, el desafío consiste en comunicar que estos eventos no contradicen el calentamiento global, sino que forman parte de un clima más complejo y menos predecible.
Amy Butler, científica atmosférica de la NOAA, explicó que aún existe incertidumbre sobre cómo evolucionará el vórtice polar en el futuro. “Hay muchos factores que pueden alterar la intensidad del vórtice polar”, afirmó, entre ellos el hielo marino y el calentamiento de las capas superiores de la atmósfera.

( REUTERS/Lindsay Dedario)
La tendencia de fondo, sin embargo, resulta clara. Los extremos de frío disminuyen en frecuencia, pero la nieve y el hielo siguen presentes y plantean desafíos significativos. En el oeste de Estados Unidos, por ejemplo, el deshielo aporta gran parte del suministro de agua, lo que añade otra capa de complejidad a los cambios en las tormentas invernales.
La ola polar actual quedará como un recordatorio de que el cambio climático no elimina el invierno, sino que lo transforma. En un contexto de temperaturas globales en ascenso, el frío extremo se vuelve menos común, pero cuando aparece lo hace en un escenario cargado de energía y humedad, con impactos amplificados.
Entender esas cinco claves científicas resulta esencial para anticipar riesgos, adaptar infraestructuras y comprender que el calentamiento global no significa un clima uniforme, sino uno cada vez más desafiante.
