La trágica muerte de Kobe Bryant en un accidente aéreo en el que también perdió la vida su hija Gianna y otros siete tripulantes hace seis años generó un estupor pocas veces visto en la historia reciente del deporte mundial. Y claro, en el ambiente de la NBA. Pero si algo provocó impacto más allá de la desaparación del cinco veces campeón con Los Ángeles Lakers, fue ver a Michael Jordan en un estado emocional que en contadas ocasiones se mostró.
Desconsolado, con lágrimas en los ojos desde que se subió al escenario para recordar a su amigo, Su Majestad reveló la íntima relación que forjó con Kobe desde que el jugador que se vistió de púrpura y oro desembarcó en la mejor liga de básquet del mundo a finales de la década del 90. “Más que mi amigo era mi pequeño hermano”, fue la cruda sentencia del histórico 23 de los Chicago Bulls. Para sorpresa de propios y extraños, esa frase ejemplificó la dura pérdida que significó la muerte de Black Mamba para MJ.
La muerte cerró un círculo de amistad entre dos de los máximos competidores que tuvo el deporte en general en toda su historia. Con 17 años, Bryant disputó su primer Juego de las Estrellas en aquella recordada edición de 1998 que se disputó en el Madison Square Garden de Nueva York, el que en principio iba a ser el último de Jordan.
En el escenario perfecto, con todas las miradas puestas en MJ, el por entonces número 8 de los Lakers fue una de las grandes atracciones del juego. A pesar de mostrar sus destrezas con el balón y volar por el aire para marcar su capacidad atlética, Kobe buscó algo más que hacer su presentación ante el mundo. Esa fue una oportunidad valiosa para aquel joven que daba sus primeros pasos en la competición y que tenía como objetivo claro para su futuro poder superar a su ídolo máximo. Ese que lo cautivó mientras miraba por TV cómo se convertía en el dueño absoluto de su deporte.

El 8 de febrero, el equipo de la Conferencia del Este superó al del Oeste por 135-114 en el mítico recinto. Jordan jugó 32 minutos de la mano de Larry Bird como entrenador. Nadie estuvo más tiempo en cancha. Nadie sumó más puntos que Michael. Fueron 23 para el número 23, que se quedó con el galardón de Jugador Más Valioso. Pero además de lo estadístico, lo mejor del All Star fueron los cruces en cancha que tuvieron Jordan y Kobe. El maestro versus su alumno. Un ida y vuelta con palabras en el parquet que no se conocieron hasta el estreno de The Last Dance, la serie que protagonizó el seis veces campeón de la NBA con los históricos Bulls.
En uno de los capítulos del documental, un éxito global y que se estrenó pocas semanas tras la desaparición de Bryant, fue el propio Kobe el que relató qué se dijeron con Jordan en ese duelo. “Tenía una pregunta sobre su clásico tiro en suspensión y le pregunté sobre eso. Y él me dio una explicación con mucho detalle sobre eso. Pero al mismo tiempo me dijo: ‘Si necesitas algo, llámame’”.
Esa referencia marcó lo que fue unión fraternal que se cimentó antes de lo que fue el segundo retiro de MJ tras ganar su sexto anillo y que luego se afianzó con el nacimiento del siglo XXI. Tanto fue el diálogo que tuvieron Kobe y Jordan con el paso de los años que, antes de su propia muerte y sin saberlo, Bryant fue el que anunció la relación que se forjó entre ambos.
“Es mi hermano mayor… Yo realmente detesto cuando hay debates sobre quién habría ganado duelos de uno contra uno… O cuando un fanático me dice ‘Hey Kobe, vos le habrías ganado a él en el uno contra uno…’ Y yo siento ‘Hey, todo lo que obtuviste de mí es por él’’’, explicó el múltiple campeón de la NBA con los Lakers durante un emotivo capítulo del documental que revolucionó la industria de series deportivas en las plataformas.

“Yo no habría conseguido cinco campeonatos sin él. Porque él me guió tanto, me dio tantos grandes consejos”, explicó el hombre que perdió su vida el 26 de enero del 2020 cuando se disponía a ir a entrenar al equipo femenino de básquet en el que jugaba su hija Gianna.
Esas últimas palabras de Bryant fueron las de un jugador que comprendió que necesitaba dejar atrás la sombra del número 23 para crear su propia leyenda. Y así lo hizo. ¿Cómo? Gracias a su propia capacidad logró convertirse en el basquetbolista que más se pareció dentro de una cancha al que intentó imitar. Desde su jarabe mandibular contra los adversarios, pasando por los tiros en suspensión al mejor estilo MJ o su faceta de gran definidor en los finales de los partidos, Kobe dejó su marca en la NBA. Fue fiel a su estilo, similar al de Jordan, pero no igual.
Como le sucedió al propio Jordan cuando no encontraba el rumbo para liderar a Chicago al campeonato, Phil Jackson fue decisivo en la formación mental y basquetbolista de Bryant, que convirtió a la franquicia angelina en la ganadora de tres títulos consecutivos entre 2000 y 2002. También lo fue el particular encuentro que tuvieron Michael, a pocos meses de su segundo retiro, y la Mamba Negra en noviembre del 99. Por expreso pedido del histórico entrenador, MJ charló con Kobe para guiarlo en su camino a lograr el éxito deportivo.
Pero, más allá de los pedidos y de la calidez humana, hubo sólo una cuestión que terminó de unir las piezas de una relación que superó al ser competitivo de estas dos grandes estrellas del deporte: su pasión por el juego. Así de simple y de complejo a la vez.
“Esa actitud de competidor habla de su pasión, era un desafío permanente. No sólo como deportista, sino como padre, como esposo”, confesó Jordan sobre Kobe en su discurso a corazón abierto en el Memorial que se realizó a un mes de su muerte “Me ayudó a ser mejor persona. Podíamos hablar de cualquier cosa de la vida a las 2 de la mañana”, agregó.

Además de su vida privada, las palabras de Su Majestad fluyeron también hacia el costado deportivo y esa fraternidad que lograron con el tiempo por el simple hecho de compartir las mismas necesidades de ser, cada uno en su momento, la mejor versión posible dentro de una cancha de básquet.
“Kobe lo dejó todo en la cancha. Fue como mi hermano menor. Y los pequeños hermanos siempre quieren meterse en tus cosas; en tus zapatos, tu closet. Quieren saber todos los detalles de la vida. Solía llamarme, escribirme, 23.30, 0.30, 3.30 en la mañana. Quería saber de movimientos, este chico tenía pasión, una pasión como nadie sabe. Si amas algo, si tienes una pasión fuerte, puedes ir al extremo, para tratar de intentarlo. Y Kobe Bryant fue una inspiración sobre la forma de querer jugar el juego, quería ser el mejor basquetbolista que podía ser. Bueno, yo quería ser el mejor hermano mayor que podía ser”, dijo el 23 ante miles de personas y la desconsolada mirada de Vanessa, la esposa de su amigo.
La temprana muerte de Bryant dejó un espacio vacío gigante para los amantes del deporte. Casi como en un altar imaginario, Jordan utilizó sus dichos para iluminar una historia que pocos conocían. Sólo ellos y sus familias. La historia de dos competidores que nacieron con un ADN parecido y que, gracias a su amor por el juego, se encontraron en la vida.
“Era un increíble padre, increíble esposo, dedicado. Nadie sabe cuánto tiempo tenemos, por eso tenemos que disfrutar el momento, vivir el momento y estar cerca de los que amamos. Kobe Bryant murió, una parte de mí murió. Tuve un hermano menor, al que intenté ayudar en todo lo que pude. Descansa en paz, pequeño hermano”, fue el cierre de un discurso que recorrió el mundo y mostró la íntima relación que crearon desde su pasión inquebrantable.
