La tercera semana de enero registró dosis de malestar en Norteamérica que no se habían visto antes en toda su historia. Tanto Canadá como los Estados Unidos hicieron públicos sus malestares externos e internos.
Empecemos por Canadá. En la cumbre de Davos, que alrededor del Foro Económico Mundial reúne a los líderes económicos, políticos y sociales del mundo, destacó la presentación del primer ministro de Canadá, Mark Carney, decretando la muerte del mundo basado en reglas universales de obligatorio cumplimiento y el advenimiento de una suerte de ley de la selva donde el más poderoso toma lo que desea dejando como única opción a los otros países desarrollar defensas a su alrededor y apartarse de su camino. Las palabras de Carney fueron escuchadas por sus conciudadanos y el mundo, comenzando las fuerzas vivas de cada nación a analizar esquemas de protección distintos al orden de Yalta. Para los canadienses, la idea de transformarse en un estado de la unión estadounidense como continuamente lo expresa el presidente Trump no les hace ni el más mínimo entusiasmo. De hecho, solo una pequeña fracción (aproximadamente entre el 10 y el 15%) de los canadienses apoya la idea de que Canadá se convierta en un estado estadounidense, y una gran mayoría se opone firmemente en todas las encuestas principales. Sin embargo, también existe un gran descontento con las condiciones económicas imperantes y desearían una mejoría significativa.
La mayoría de los canadienses dice que la economía nacional es pobre o muy pobre — alrededor del 62% en una encuesta de confianza del consumidor de 2026. Por tanto, buscan encontrar en el resto del mundo uno o varios socios que les permita mejorar la situación económica. Desde el punto de vista de la política doméstica, las embestidas del presidente Trump han servido para que los canadienses inicien un periodo de reformas estructurales domésticas como es el caso de la integración del mercado doméstico, que hasta la fecha es una colección de mercados provinciales que no se han fundido en una sola entidad. De cara al futuro, esta reforma podría reportarle a Canadá un crecimiento de 8 puntos porcentuales en su PIB. De manera que, en el caso de Canadá, se puede decir que no hay mal que por bien no venga.
Más al sur, vemos a un Estados Unidos tan convulsionado como cuando la sociedad entera rechazó la intervención militar en Vietnam. En este caso, sin embargo, la protesta va dirigida a las políticas domésticas. Los excesos que están protagonizando los funcionarios encargados de deportar inmigrantes ilegales, en los cuales han asesinado a dos ciudadanos norteamericanos que participaban en las protestas, están llevando a la sociedad civil estadounidense a rebelarse contra esas políticas. En el Congreso ya ha aparecido un grupo de senadores y diputados tanto demócratas como republicanos, decididos a retirarle el fondeo a la Secretaría de Seguridad Doméstica. Muchas asociaciones civiles que han apoyado a la actual administración, como es el caso de la Asociación Nacional de Rifles (NFA), están demandando al gobierno federal por reprimir a un ciudadano que portaba un arma en una protesta. Los bombardeos de embarcaciones de pescadores en Venezuela y la saga del archivo documental de Jeffrey Epstein han hecho retirar el apoyo de una buena parte de la fracción MAGA al gobierno.
Y los aranceles han hecho subir el costo de la vida ya de por sí alto. En síntesis, el soberano estadounidense está molesto con su gobierno y con la situación económica actual.
Este descontento, lejos de estar favoreciendo a las figuras políticas tradicionales, está buscando refugio e interpretación en figuras regionales inéditas del Partido Demócrata y en los libertarios que han crecido un 900%. Entre los líderes demócratas que parecen atraer más a sus constituyentes figuran Kathy Hochul de New York; Tina Kotek de Oregón; Josh Shapiro de Pensilvania; Michel Sherrier de New Jersey y Abigail Sparberger de Virginia.
Tanto el proceso de reestructuración doméstica del Canadá como la lucha en Estados Unidos por preservar la estructura de gobierno creada hace 250 años por la generación política más brillante que haya existido en el planeta Tierra.
