
El inicio de 2026 registra el primer caso de dengue en El Salvador, de acuerdo con el Ministerio de Salud, que también informó sobre dos egresos hospitalarios asociados a la enfermedad. Hasta el momento, no se han reportado personas fallecidas por dengue en lo que va del año.
Durante las dos primeras semanas epidemiológicas, los informes oficiales suman 397 casos sospechosos: 214 en la primera semana y 183 en la segunda. El boletín epidemiológico advierte que siete municipios presentan riesgo moderado, entre ellos San Salvador (zonas centro, este, oeste y sur), Santa Ana centro y La Libertad norte y sur.
El análisis del índice larvario revela que once municipios superan el promedio nacional, incluidos Morazán norte, Chalatenango centro, La Paz oeste y Sonsonate oeste. Esta situación indica una mayor presencia de criaderos del mosquito en esas localidades.

Los menores de cinco a nueve años encabezan la lista de los más afectados, con 116 casos registrados. Los adolescentes de 10 a 19 años les siguen, con 106 casos, mientras que los niños de uno a cuatro años suman 55 casos en lo que va del año.
El reporte sanitario también recoge un caso sospechoso y tres diagnósticos de zika entre las dos primeras semanas del año, aunque hasta la fecha no hay confirmación de casos de esta enfermedad en 2026.
El año 2025 culminó con tres defunciones por dengue, más de 200 casos confirmados y cerca de 5.800 casos sospechosos. Este saldo ratifica la necesidad de mantener las medidas de control y prevención en todo el territorio salvadoreño.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la transmisión del dengue ocurre mediante la picadura de un mosquito infectado por uno de los cuatro serotipos del virus. En la actualidad, el serotipo 3 predomina en El Salvador y se asocia a manifestaciones más agresivas, incluyendo el dengue hemorrágico.
La enfermedad puede afectar a lactantes, niños y adultos. Algunas personas pueden no mostrar síntomas, pero en gran parte de los casos el dengue se presenta con fiebre, dolor de cabeza intenso, molestias oculares, dolores musculares y articulares, y erupciones cutáneas.
En los casos más graves, el dengue puede evolucionar hacia complicaciones severas, como choque, dificultad respiratoria, hemorragias graves y daños en órganos vitales. La detección oportuna y la atención médica adecuada resultan fundamentales para reducir los riesgos de desenlaces fatales.
El virus Chikungunya volvió a aparecer en Costa Rica después de nueve años, en medio de una creciente resistencia de los mosquitos Aedes aegypti a los insecticidas.
El Colegio de Microbiólogos y Químicos Clínicos de Costa Rica señaló que esta resistencia podría comprometer la efectividad de las estrategias convencionales para combatir enfermedades transmitidas por este vector, como el dengue y el zika.
Las autoridades sanitarias han desplegado operativos de fumigación en Esparza, Puntarenas, especialmente en la localidad de Espíritu Santo, con ciclos programados hasta inicios de febrero. La prioridad es contener la propagación del virus, aunque se insiste en la importancia de reducir los criaderos domésticos de mosquitos, dada la menor eficacia de los químicos.
Los estudios muestran que una parte de la población local de Aedes aegypti ya no responde a los insecticidas tradicionales, situación atribuida al uso indiscriminado de estos productos por parte de equipos de salud, agricultores, empresas de control de plagas y prácticas domésticas. La portavoz del Colegio, la doctora Adriana Troyo, advirtió: “La resistencia a los insecticidas es un problema real y en crecimiento en Costa Rica”, y alertó sobre los riesgos de continuar con este patrón de uso.

Frente a este escenario, el Colegio recomienda restringir el uso de plaguicidas a situaciones de brote activo y eliminar sistemáticamente los recipientes con agua estancada en patios y terrazas. Dado que no existen vacunas eficaces para los virus transmitidos por el Aedes aegypti, el control ambiental se considera la medida más crucial.
La reaparición del Chikungunya representa un nuevo desafío para el sistema sanitario costarricense, que se ve obligado a fortalecer la vigilancia epidemiológica y a impulsar campañas preventivas centradas en la participación activa de la comunidad y las familias.
