Cuba finalizó 2025 con una crisis severa en el suministro eléctrico, al lograr cubrir solo la mitad de su consumo diario.
Este déficit afectó a más de nueve millones de habitantes, con extensos apagones y una infraestructura incapaz de responder a la demanda nacional.
Un relevamiento de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE) detalló que, entre enero y diciembre de 2025, el sistema nacional registró un déficit promedio de 1.643 megavatios hora (MWh) diarios frente a una demanda de 3.300 MWh, lo que implicó una disponibilidad de solo 1.670 megavatios. Esta tendencia continuó durante la primera quincena de 2026.

Recientemente, la UNE anticipó apagones simultáneos que afectarían cerca del 57% del país en las horas pico. La capacidad de generación se ubicó en 1.400 megavatios ante una demanda máxima de 3.150, generando un déficit real de 1.780 MW y obligando a desconectar amplias zonas para evitar cortes desordenados.
La insuficiencia energética se reflejó en la vida diaria: The New York Times recogió testimonios de apagones que superaron las 20 horas en algunas provincias, afectando la conservación de alimentos y la calidad de vida.

Odalis Reyes, costurera de La Habana Vieja, relató: “Sí, muchas horas sin electricidad, muchísimas, 14, 15 horas. Ay, eso te aterra, te aterra, porque la comida, y esto es lo más difícil, teme que se eche a perder”.
La generación eléctrica depende de ocho centrales, en su mayoría inauguradas en los años 80 y 90, hoy afectadas por averías frecuentes y paradas por mantenimiento.
Bajo este contexto, el régimen impulsó el desarrollo de energías renovables, especialmente la fotovoltaica. En 2025, se instalaron unos 40 parques solares, cuya generación diaria pasó de entre 300-400 MWh a más de 3.000 MWh en diciembre.

Sin embargo, la falta de baterías de almacenamiento impidió aprovechar esa energía durante las noches, el horario de mayor consumo.
Por otro lado, el dictador Miguel Díaz-Canel reconoció la necesidad de “corregir distorsiones y reactivar la economía” para garantizar estabilidad, suficiencia salarial, alimentos y servicios básicos. En el tercer trimestre de 2025, el Producto Interno Bruto cayó más de un 4% y la inflación alcanzó niveles muy altos.
Además, el deterioro de las condiciones de vida provocó un éxodo masivo. El demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos, citado por The New York Times, estimó que unos 2,75 millones de cubanos emigraron desde 2020, dejando la población real por debajo de los nueve millones.
La crisis energética también golpeó sectores productivos como la minería del níquel y el turismo: las fábricas debieron cerrar durante los apagones y la recuperación turística fue lenta, con menos de dos millones de visitantes anuales, muy por debajo de los cuatro millones previos a la pandemia.
(Con información de AFP)
