La fiscalía francesa solicitó este martes una condena de cuatro años de cárcel contra el ex senador Joel Guerriau, de 68 años, acusado de drogar con éxtasis a la diputada Sandrine Josso con el propósito de agredirla sexualmente. El representante del Ministerio Público pidió al Tribunal Correccional de París que tres de esos cuatro años sean de cumplimiento efectivo y con ejecución provisional, lo que enviaría al ex legislador a prisión en pocos días incluso si apela la sentencia.
El fiscal Benjamin Coulon reclamó además cinco años de inhabilitación para cargos públicos, la inscripción del acusado en el fichero de delincuentes sexuales, la prohibición de contactar a la víctima, una indemnización económica y la obligación de someterse a tratamiento. El cuarto año de condena quedaría suspendido con libertad condicional durante dos años. Guerriau se enfrenta a una pena máxima de cinco años de prisión y 75.000 euros de multa.
Los hechos se remontan al 14 de noviembre de 2023, cuando Guerriau, entonces senador del partido de centroderecha Horizons por el departamento de Loira Atlántico, invitó a Josso, diputada de la formación centrista Modem, a su apartamento parisino para celebrar su reelección. Ambos parlamentarios, representantes del mismo territorio, mantenían una relación de amistad profesional desde hacía una década. Josso declaró ante el tribunal que le sorprendió ser la única invitada y que el encuentro estaba inicialmente previsto en un restaurante.
Según el relato de la diputada, Guerriau le sirvió champán que tenía un sabor extraño. Poco después comenzó a experimentar palpitaciones, temblores, náuseas y sudoración. La parlamentaria describió cómo su anfitrión mostraba un comportamiento inusual: insistía en que bebiera, jugaba con la iluminación del salón y le propuso trucos de magia que ella calificó ante los investigadores como evocadores de una penetración sexual. Cuando lo vio manipular una bolsita transparente antes de guardarla, comprendió que probablemente había sido drogada.
La diputada logró disimular sus síntomas y abandonar el apartamento alegando que debía regresar a la Asamblea Nacional. Tomó un taxi, contactó a colegas y fue trasladada a urgencias. Los análisis toxicológicos revelaron una concentración de MDMA de 388 nanogramos por mililitro en sangre, aproximadamente el doble de la dosis considerada recreativa, según precisó el tribunal. La inspección del domicilio de Guerriau al día siguiente permitió incautar una bolsa con 30 gramos de esa misma sustancia.
La MDMA, abreviatura de 3,4-metilendioximetanfetamina, es el principio activo del éxtasis, una droga sintética de la familia de las anfetaminas cuyo consumo se popularizó en los años noventa asociado a las fiestas rave y los clubes de música electrónica. Según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos, la sustancia actúa sobre los neurotransmisores del cerebro —especialmente la serotonina— y produce euforia, sensación de bienestar, desinhibición y una percepción amplificada de las emociones. Entre sus efectos secundarios figuran el aumento de la frecuencia cardíaca, la tensión muscular que provoca rechinamiento de dientes, visión borrosa, náuseas y sudoración. En dosis elevadas puede causar hipertermia severa, daño hepático o renal e incluso la muerte.
El ex senador ha dicho desde su detención que se trató de un acto involuntario. Ante el tribunal explicó que atravesaba una etapa de depresión y ansiedad derivada de su décima campaña electoral y del fallecimiento de su gato. Afirmó que otro senador, cuya identidad se negó a revelar, le había proporcionado meses antes un polvo que creyó era simplemente un euforizante para combatir su malestar. La noche anterior a la visita de Josso habría vertido esa sustancia en una copa que pensaba consumir él mismo, pero cambió de opinión y dejó el vaso de lado. Al día siguiente, sostuvo, sirvió por error champán en ese mismo recipiente.

Los investigadores aportaron un elemento que complica la versión de la defensa. Un mes antes de los hechos, cuando la cena con Josso aún no estaba programada, Guerriau realizó al menos veinte búsquedas en internet sobre los efectos de la MDMA y el GHB. Entre los términos introducidos en Google, según la información recogida por France Info, figuraban expresiones como “droga y violación”, “efectos del éxtasis GHB”, “puntos de venta GHB” o “compra GHB GBL”. También consultó artículos sobre las llamadas drogas de la violación, sus peligros y las reacciones que debían adoptar las víctimas. El acusado alegó que formaban parte de su trabajo parlamentario para comprender mejor el fenómeno tras conversaciones con un amigo cuya hija sospechaba haber sido víctima de sumisión química.
Su abogado, Henri Carpentier, argumentó que esas búsquedas fueron breves, no reiteradas, y no permiten desde el punto de vista penal confirmar una intención sexual. También destacó que su cliente no intentó ningún gesto de connotación sexual aquella noche y que habría sido absurdo pretender violar a una mujer que tenía previsto regresar a la Asamblea Nacional, donde su ausencia habría sido notada de inmediato.
El fiscal Coulon rechazó estas explicaciones. Sostuvo que resulta imposible no advertir la presencia de polvo en el fondo de una copa de champán cuando se vierte la bebida, dado que la espuma obliga a mirar el recipiente. El abogado de la parte civil, Arnaud Godefroy, fue más contundente al describir el comportamiento del acusado como el patrón típico de quien droga a una mujer: poner sustancia en un vaso y esperar a que haga efecto mientras observa a la víctima.
Josso, de 50 años, relató ante el tribunal las secuelas que arrastra desde aquella noche. Enumeró hipervigilancia permanente, trastornos del sueño, agotamiento crónico, ciáticas recurrentes, una hernia discal y la pérdida de cuatro dientes debido a la tensión constante que le hace apretar la mandíbula. Dijo que llegó a la cena como quien visita a un amigo y descubrió a un agresor. El Tribunal Correccional de París se retiró a deliberar tras los alegatos y se espera que anuncie su fallo en las próximas horas.

Guerriau permaneció en el Senado casi dos años después de ser imputado, pese a las peticiones de dimisión. Su partido Horizons lo expulsó tras conocerse la denuncia, y el presidente del Senado, Gérard Larcher, llegó a anunciar que estudiaría sanciones disciplinarias. Finalmente renunció a su escaño en octubre de 2025.
Apenas un año después de que estallara esta denuncia, Francia quedó conmocionada por el juicio de Mazan, donde Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de prisión por drogar durante casi una década a su esposa Gisèle con ansiolíticos, violarla y ofrecerla a decenas de desconocidos reclutados por internet. Junto a él, otros 50 hombres recibieron penas de entre tres y 15 años. El caso Pelicot desencadenó un debate nacional sobre la cultura de la violación y aceleró la aprobación de una reforma legislativa histórica.
En octubre de 2025, el Parlamento francés modificó el Código Penal para definir la violación como cualquier acto sexual no consentido. Hasta entonces, la ley solo reconocía como tal la penetración o el sexo oral cometidos mediante violencia, coacción, amenaza o sorpresa. La nueva normativa establece que el consentimiento debe ser libre, informado, específico, previo y revocable, y que nunca puede deducirse del silencio o la falta de resistencia de la víctima. Francia se sumó así a países como España, Alemania, Bélgica y Suecia que ya contaban con legislación basada en el principio del consentimiento.
