Irán cumplió siete días con el acceso al internet global bloqueado y con fuertes restricciones en las comunicaciones internas, en medio de una ola de protestas que se extiende por casi 19 días y que dejaron más de 3.400 muertos. El régimen sostiene que esta medida es la única forma de detener las masivas manifestaciones.
El actual corte representa el mayor periodo de desconexión del país con el mundo exterior hasta la fecha. Desde el jueves pasado, la población ha tenido acceso únicamente a una red interna nacional limitada a servicios locales y medios estatales. Las llamadas locales han estado disponibles solo en ciertos momentos, pero por las tardes y las noches —franjas de mayor actividad en las protestas— también quedaron suspendidas.
Asimismo, la desconexión afecta las llamadas internacionales y los mensajes de texto internos. El acceso a plataformas como WhatsApp, X e Instagram se ha visto restringido, y tampoco funcionan las aplicaciones para eludir la censura.
Según detalla EFE, la única posibilidad de conexión con el exterior, tras algunos ajustes, han sido las llamadas internacionales salientes, que se restablecieron parcialmente el martes por la mañana, pero continúa la restricción sobre el internet global y los SMS.
Las autoridades justifican el bloqueo como un mecanismo para prevenir una presunta intervención extranjera y sofocar protestas supuestamente organizadas desde fuera. Sin embargo, diferentes ciudadanos consultados por EFE expresan su rechazo a esta explicación. Uno de ellos sostiene que el objetivo es impedir que se conozca fuera del país lo que realmente ocurre y enfatiza que los cortes de internet coinciden con episodios de represión.
El bloqueo ha tenido un fuerte impacto en la vida diaria de la población. La imposibilidad de informarse, trabajar a distancia o mantener contacto con familiares en el exterior ha alterado la rutina de personas de todas las edades. El uso de redes sociales permanece bloqueado y no existen formas de sortear la censura digital, lo que agudiza aún más el aislamiento.
De manera paralela, las fuerzas de seguridad han incrementado su presencia en Teherán y otras zonas del país. Distintas agencias de noticias han constatado la movilización de policías y antidisturbios en puntos clave de la capital, quienes patrullan en motocicletas y refuerzan el control de los espacios públicos, especialmente en horarios vespertinos y nocturnos.
No es la primera vez que Irán recurre a cortes de comunicaciones ante protestas. En 2019, durante las manifestaciones por el aumento de los precios de los combustibles, el acceso a internet se suspendió durante tres días; en ese contexto, las llamadas internacionales continuaron, pero los mensajes de texto se restringían solo por las tardes y las noches. Organizaciones defensoras de derechos humanos como Amnistía Internacional reportaron un saldo de al menos 350 personas fallecidas en aquella represión.
La historia reciente incluye también los bloqueos parciales durante las protestas tras la muerte de Mahsa Amini, cuando el régimen restringió el acceso a internet por zonas y horarios por varios meses. Según datos de activistas, unas 550 personas murieron en ese periodo.
En la coyuntura actual, tras varios días sin nuevas protestas, las autoridades no han aportado datos sobre víctimas civiles. EFE indica que únicamente han admitido la muerte de al menos 150 miembros de las fuerzas de seguridad, de los cuales un centenar fue despedido en un acto oficial en la capital.
Para muchos residentes de Teherán, el silencio digital es percibido como el preludio de jornadas marcadas por la violencia. La desconexión se interpreta, según testimonios, como un intento de las autoridades de ocultar los hechos más graves a los ojos de la comunidad internacional.
