
El efecto Kim Kardashian volvió a sacudir la escena urbana de la moda. Su más reciente aparición pública captó la atención no solo por su conjunto monocromático, sino por el inesperado regreso de un tipo de calzado que marcó época a inicios del nuevo milenio.
Con un simple paseo por las calles de Los Ángeles, la empresaria y referente del estilo logró que las bailarinas planas deportivas, olvidadas durante años, se convirtieran en protagonistas indiscutibles del glamour.
Para su look completo optó por una campera de cuero negra, voluminosa y de solapas anchas con un acabado brillante. La prenda, ceñida a la cintura gracias a un cinturón trenzado con hebilla metálica, sumaba dramatismo y estructura a la silueta.
Debajo, eligió unas calzas ajustadas negras, con una franja lateral en tono más claro, y una camiseta a juego de escote profundo. Su imagen era de fuerza y minimalismo que remataba con unas zapatillas planas de punta redonda, flexibles, con una banda elástica visible sobre el empeine.

El pelo lo llevó oscuro y liso, que lo dejó sobre los hombros, junto a un maquillaje que resaltaba las facciones que completó el estilismo.
Las bailarinas deportivas elegidas no son un simple guiño nostálgico. Se trata de una silueta que fusiona confort, funcionalidad y feminidad, y que en los años 2000 conquistó el armario de quienes buscaban mezclar practicidad y estilo.
A diferencia de las versiones clásicas, más asociadas a la delicadeza del ballet o al romanticismo, también presentan un ADN marcadamente urbano y deportivo. La banda elástica sobre el empeine, la flexibilidad de los materiales y una estructura ligera las diferencian de las tradicionales, pensadas para la sofisticación de la danza o el street style más convencional.

El calzado presentado rescató una silueta lanzada originalmente en los años noventa, actualizándola con materiales transpirables, mayor flexibilidad y una estética depurada. La división característica en la punta se mantiene como guiño a la historia y al archivo de diseño.
En uno de sus looks más recientes Kim Kardashian llevó un abrigo largo de piel natural en tonos crema, gris y beige, con franjas horizontales que alternan matices claros y oscuros. El abrigo tenía un volumen pronunciado y abarcaba casi todo su cuerpo, dejando ver solo parcialmente una prenda debajo.

Bajo el abrigo llevó una blusa satinada en tono marfil de corte cruzado, junto a un pantalón del mismo material que caía hasta el suelo. El calzado era de punta cerrada y color claro, apenas visible entre las aberturas de la prenda. Lucía un collar de piedras brillantes ajustado al cuello. Para el peinado optó un recogido pulido, con raya central y mechones sueltos enmarcando el rostro.
Para otro de sus looks destacados eligió un conjunto de dos piezas confeccionado con un tejido translúcido cubierto de pedrería lila y plateada. La parte superior es un top sin mangas de escote cerrado y forma cuadrada, que dejaba al descubierto el abdomen y parte de la cintura. La pollera larga y ajustada caía hasta el suelo, siguiendo la misma línea de pedrería brillante.
Llevó una pulsera ancha y plateada en la muñeca derecha, y pendientes pequeños. El cabello lo usó recogido hacia atrás en un peinado liso

En otro momento, vistió un conjunto de lencería negro con transparencias y aplicaciones metálicas plateadas. El sujetador tipo balconette llevaba detalles de tiras finas y cristales, mientras que la parte inferior consistió en ropa interior de corte alto con tirantes y detalles de cadenas que cruzaron el torso.
También llevó medias negras semitransparentes y un collar brillante ajustado al cuello. El peinado era recogido alto con varias trenzas delgadas adheridas al cuero cabelludo.
