En la madrugada del viernes 3 de febrero de 1989, la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay llegó a su fin luego de 35 años. Los hechos de esa noche y las primeras horas del día siguiente marcaron un cambio en la historia política del país y pusieron término al gobierno más longevo de Sudamérica, caracterizado por la represión, la censura y el control absoluto del poder.
Alfredo Stroessner había llegado al poder en 1954 tras un golpe militar. Desde entonces, instauró un régimen sustentado en el Partido Colorado y las Fuerzas Armadas. El Estado de sitio fue implementado de manera casi permanente desde el inicio de la dictadura hasta 1987, permitiendo la suspensión de garantías constitucionales, la persecución y detención de opositores, y la censura a los medios de comunicación. El Departamento de Investigaciones se convirtió en un símbolo del aparato represivo, donde los opositores eran víctimas de tortura.
Durante su gobierno, Stroessner fue reelecto ocho veces en elecciones sin competencia real. El Partido Colorado era la fuerza política dominante y la única con posibilidades de acceder al poder. Las agrupaciones opositoras estaban proscriptas, y los sindicatos, estudiantes y periodistas eran vigilados y perseguidos. La represión incluía la cárcel, el exilio y la tortura, según testimonios y relatos recogidos por medios extranjeros. Se estima que 20.000 personas fueron torturadas y 423 -sobre todo comunistas y sindicalistas- fueron desaparecidas, según informaría la Comisión Verdad y Justicia de Paraguay en 2008 (año en el que dejó el poder el Partido Colorado, después de 61 años).

La corrupción formó parte de la estructura del régimen. El contrabando, la entrega de favores económicos y políticos y la administración de grandes recursos, como los obtenidos por la construcción de la represa de Itaipú junto a Brasil, eran mecanismos que ayudaban a sostener la red de lealtades. El acceso a cargos públicos y beneficios dependía de la fidelidad al partido y al presidente.
En el plano internacional, la dictadura de Stroessner se alineó con la política anticomunista de Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría, recibiendo respaldo político y cooperación con otros gobiernos militares de la región. El Paraguay de Stroessner fue parte del Plan Cóndor, por el cual las dictaduras regionales colaboraron entre sí para perseguir a opositores. El 14 de febrero de 1988, casi un año antes del golpe, Stroessner había obtenido el 88 por ciento de los votos en las elecciones que habían sido consideradas amañadas y fraudulentas.
La caída de Stroessner fue resultado de un golpe militar liderado por el general Andrés Rodríguez, considerado uno de sus hombres de confianza. Era la mano derecha de Stroessner en tanto comandante del Ejército y, además, su consuegro. Su hija Marta Rodríguez se había casado con Alfredo “Freddy” Stroessner, el tercer hijo del dictador.
Según se reconstruyó, la conspiración contra Stroessner se gestó en silencio semanas antes. En la noche del 2 de febrero de 1989, Rodríguez y sus colaboradores se reunieron en una vivienda para coordinar los movimientos. La planificación incluyó comunicaciones con otros oficiales y suboficiales, asegurando la participación de un número relevante de unidades y soldados.

Alrededor de la medianoche, comenzó el desplazamiento de tropas. Blindados y soldados se movilizaron hacia puntos estratégicos de Asunción, la capital de Paraguay. El objetivo principal era neutralizar a las fuerzas leales a Stroessner, en especial el Regimiento Escolta Presidencial, donde se encontraba el mandatario. Los primeros enfrentamientos armados se dieron en las inmediaciones del regimiento. Las tropas insurrectas avanzaron y se escucharon disparos de armas automáticas y explosiones en distintos sectores de la ciudad. La población permaneció en sus casas, sin información clara sobre la magnitud del acontecimiento.

El asalto al Regimiento Escolta Presidencial fue decisivo. Los golpistas lograron tomar el control tras intensos tiroteos, mientras que la noticia de la caída de Stroessner comenzó a circular en círculos militares y políticos. Durante la madrugada, Rodríguez y sus aliados aseguraron la ocupación de los principales edificios gubernamentales, así como el control de los medios de comunicación.
Andrés Rodríguez asumió el mando como jefe del gobierno de transición. Las Fuerzas Armadas y los medios de comunicación quedaron bajo control de los golpistas, quienes utilizaron la radio y la televisión para transmitir comunicados oficiales y mensajes de tranquilidad.
En la madrugada del 3 de febrero, Andrés Rodríguez emitió un comunicado transmitido por radio y televisión, dirigido a la ciudadanía paraguaya. En ese mensaje, Rodríguez anunció la destitución de Stroessner y explicó los motivos del golpe, haciendo referencia al deterioro institucional y al desgaste del régimen. El comunicado fue una especie de llamado a la calma asegurando la protección de la ciudadanía y la convocatoria a una etapa de transición.

A la 1:25 y cada diez minutos se transmitió en Radio Primero de Marzo, la proclama de Andrés Rodríguez. El militar que había derrocado a su consuegro dijo: “Hemos salido de nuestros cuarteles en defensa del honor y la dignidad de las Fuerzas Armadas, por la unificación plena y total del coloradismo en el Gobierno, por la iniciación de la democratización del Paraguay, por el respeto a los derechos humanos, por la defensa de nuestra religión cristiana, católica apostólica romana, eso es todo lo que yo le estoy ofreciendo con el sacrificio del soldado paraguayo a nuestro querido, valiente y noble pueblo paraguayo y espero que los camaradas de las Fuerzas Armadas me acompañen en estas circunstancias, porque estamos defendiendo una causa noble y justa que derivará en beneficio de nuestro heroico y noble pueblo paraguayo. Gracias”.

Las primeras horas del 3 de febrero estuvieron marcadas por enfrentamientos, tensión y expectativa. Stroessner aceptó negociar su rendición después de la pérdida de apoyo militar y político. Fue trasladado bajo custodia y, posteriormente, llevado al aeropuerto, desde donde partió al exilio en Brasil junto a su círculo más cercano.
La noticia del derrocamiento se difundió rápidamente en la capital y el interior del país. El ambiente en las calles de Asunción era de incertidumbre y expectativa, mientras la población aguardaba las declaraciones de la nueva autoridad.
El golpe fue la consecuencia de un proceso de desgaste interno del régimen y de la pérdida de apoyo de sectores clave. Las reuniones secretas entre los conspiradores y la planificación minuciosa permitieron llevar adelante el operativo con rapidez y eficacia. El factor sorpresa y la coordinación de los movimientos militares fueron determinantes para el éxito de la acción.

La caída de Stroessner se produjo en un contexto de tensión y descontento generalizado. El régimen, que había recurrido durante décadas a la represión, la censura y el control absoluto, perdió la capacidad de sostenerse frente a la movilización de sectores militares y políticos descontentos. El derrocamiento fue un hecho de gran impacto en la historia paraguaya y regional, marcando el fin de 35 años de dictadura y el inicio de una nueva etapa política en Paraguay.
Durante la dictadura, Stroessner fue el eje del sistema político y social. El Partido Colorado y las Fuerzas Armadas formaban la base del poder, mientras que la represión, la censura y la corrupción definieron la dinámica del régimen. El control sobre la vida pública era absoluto, y las organizaciones opositoras carecían de espacio de participación real.
El golpe del 3 de febrero de 1989 representó una ruptura con la estructura autoritaria establecida desde 1954. El gobierno de transición encabezado por Rodríguez asumió la responsabilidad de conducir el país hacia un proceso de apertura política, con la promesa de celebrar elecciones libres y garantizar las libertades fundamentales. De hecho, Rodríguez cumplió y llamó a elecciones en menos de un año y en mayo de 1989 se presentó como candidato del Partido Colorado y fue electo presidente.

Durante su mandato Rodríguez derogó la ley marcial, abolió la pena de muerte y legalizó los partidos opositores que habían sido proscriptos por Stroessner.
La dictadura de Stroessner dejó una huella profunda en la vida política y social de Paraguay. El régimen estuvo marcado por la represión, la corrupción y el control absoluto del poder. La caída de Stroessner abrió la posibilidad de iniciar una etapa de cambios y reformas, en la que la sociedad paraguaya buscaría superar las consecuencias de décadas de autoritarismo. El dictador murió a los 93 años en agosto de 2006 en Brasilia, capital de Brasil, donde estuvo exiliado.
Desde el golpe, Paraguay comenzó a andar un camino de transición política, bajo la dirección de un nuevo liderazgo militar que prometió apertura y garantías para la población. La jornada del 3 de febrero de hace 37 años, fue definida por la tensión, el enfrentamiento armado, la incertidumbre y la expectativa social frente a la promesa de un país diferente tras la salida de Stroessner del poder.
