
A más de tres años del brote internacional que llevó a declarar emergencias sanitarias globales, el mpox —antes conocido como viruela del mono— no desapareció. Lejos de los picos de alarma de 2022 y 2024, el virus continúa circulando, especialmente en África, mientras científicos y organismos internacionales siguen de cerca su evolución genética y su impacto en la salud pública. Incluso, recientemente se notificaron casi una decena de casos en España, según indica Infobae.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que durante 2025 se registraron más de 50.000 casos de mpox y 206 muertes en todo el mundo. Según el organismo, el 68% de los casos recientes se concentró en África, mientras que Europa y Estados Unidos notificaron cifras mucho menores, en general asociadas a casos importados o a cadenas de transmisión limitadas.
Solo en noviembre de 2025 se reportaron 2.150 nuevos casos en 48 países, con una tasa de letalidad global del 0,2%, lo que refleja que, aunque el virus sigue activo, su impacto es muy distinto al de otras enfermedades infecciosas de alto riesgo.
Durante las seis semanas previas a mediados de diciembre de 2025, 19 países africanos registraron transmisión activa, con más de 1.400 casos confirmados y siete muertes, de acuerdo con la OMS. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, circulan simultáneamente dos grandes grupos genéticos del virus (Ia e Ib), con realidades muy diferentes según la región.

Los expertos advierten que las cifras reales podrían ser mayores, ya que el acceso desigual a pruebas diagnósticas y a sistemas de vigilancia limita la capacidad de detectar todos los casos. En algunos países, como Guinea, Kenia o Ghana, los contagios muestran una tendencia descendente, mientras que en otros, como Liberia, se observa un aumento reciente.
Uno de los brotes que mantiene especial atención es el de Madagascar, declarado a fines de diciembre de 2025, con centenares de casos reportados en múltiples regiones y confirmación de circulación del clado Ib en parte de las muestras analizadas, según informes de vigilancia europeos y británicos.
Uno de los puntos que más atención genera entre los científicos es la aparición de nuevos linajes y variantes recombinantes. En términos simples, esto ocurre cuando una persona se infecta al mismo tiempo con dos variantes distintas del virus y estas intercambian material genético.
En diciembre de 2025, el Reino Unido detectó un caso importado de mpox causado por una variante recombinante, con genes de dos grupos distintos. El paciente presentó síntomas leves y no se identificó transmisión posterior. Desde la UK Health Security Agency (UKHSA) señalaron que este tipo de hallazgos no es inesperado cuando el virus circula de forma sostenida, aunque subrayaron la importancia de seguirlos de cerca.

De acuerdo con la UKHSA, hasta el 31 de diciembre de 2025 se habían notificado 21 casos de mpox clado Ib en el Reino Unido. Además, la agencia indicó que desde octubre de 2025 se observa transmisión persona a persona de este clado fuera de África, en redes específicas, lo que incrementa la probabilidad de casos importados en Europa.
En enero de 2026, los sistemas de monitoreo británicos incluyeron también el primer caso de clado Ib reportado en República Checa, investigado como posible transmisión local al no registrarse antecedentes de viaje reciente a zonas con circulación conocida.
En España, recientemente la Consellería de Sanidad de Galicia ha confirmado un brote de viruela del mono en la provincia de A Coruña, con siete casos diagnosticados recientemente y un total de nueve en la comunidad entre el 15 de diciembre de 2025 y el 25 de enero de 2026. Hasta el momento, no hay evidencia de que estas nuevas variantes sean más contagiosas ni más graves, pero su detección refuerza la necesidad de una vigilancia genómica continua.
En la mayoría de los casos, el mpox cursa con síntomas leves o moderados. Los más frecuentes incluyen fiebre, dolor muscular, cansancio, inflamación de ganglios y la aparición de lesiones en la piel, que pueden localizarse en distintas partes del cuerpo. En contextos con acceso a atención médica, la evolución suele ser favorable y la letalidad se mantiene baja, según los datos disponibles.

No obstante, la OMS advierte que algunos cuadros pueden presentarse con síntomas escasos o incluso sin manifestaciones evidentes, lo que puede dificultar la detección temprana de cadenas de transmisión.
La transmisión del mpox ocurre principalmente a través de contacto físico estrecho y prolongado, como el contacto directo con lesiones cutáneas, fluidos corporales o superficies contaminadas. A diferencia de otros virus respiratorios altamente contagiosos, no se propaga con facilidad por el aire, lo que limita su capacidad de expansión masiva.
Para los especialistas, el mpox no se comporta como un virus con alto potencial pandémico. La forma de transmisión reduce la probabilidad de una propagación global rápida. En Europa y Estados Unidos, las estrategias de detección temprana, rastreo de contactos y vacunación selectiva han permitido contener los brotes.

En Inglaterra, por ejemplo, el virus aparece en los reportes semanales de notificación obligatoria de agentes infecciosos, que registran detecciones de laboratorio positivas como parte de la vigilancia rutinaria. Estos datos no equivalen automáticamente a brotes, pero permiten seguir de cerca la circulación del virus.
Los organismos sanitarios coinciden en que el riesgo actual para la población general fuera de las regiones más afectadas sigue siendo bajo, aunque el escenario no permite bajar la guardia.
Un factor clave es que, tras la erradicación de la viruela humana hace décadas, la mayor parte de la población mundial dejó de estar inmunizada contra los ortopoxvirus, la familia a la que pertenece el mpox. Esto facilita que el virus siga encontrando personas susceptibles.
Las vacunas disponibles ofrecen una protección eficaz, pero su producción es limitada y no puede ampliarse rápidamente a escala global. En este contexto, los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) recomiendan reforzar el testeo específico por clado, junto con el aislamiento de casos y el monitoreo activo de contactos de mayor riesgo.

El mpox no representa hoy una amenaza pandémica inminente, pero tampoco es un problema resuelto. La transmisión persistente en África, la aparición de nuevos linajes y las desigualdades en el acceso a diagnóstico y vacunas mantienen al virus bajo observación constante.
Para los especialistas, la clave no es el alarmismo, sino entender que mpox pasó de ser un evento excepcional a una enfermedad endémica vigilada, que exige cooperación internacional, datos sólidos y respuestas coordinadas para evitar que el riesgo vuelva a escalar.
