El reciente acuerdo firmado entre Estados Unidos y El Salvador redefine el paisaje comercial del hemisferio occidental. Lo que hasta hace poco parecía reservado a tratados multilaterales ahora se materializa en un pacto adaptado a las exigencias actuales de cadenas de suministro, transparencia regulatoria y desarrollo sostenible.
Para los funcionarios estadounidenses, la apuesta es clara: construir alianzas estratégicas que beneficien tanto a productores locales como a las economías latinoamericanas.
La ceremonia de la firma, celebrada el 29 de enero, reunió a la ministra de Economía salvadoreña Maria Luisa Hayem y al representante comercial estadounidense Jamieson Greer.
El tono del evento anticipaba la trascendencia del anuncio, que, según la funcionaria salvadoreña, tendrá impacto directo en los sectores estratégicos de la economía nacional.
Para Hayem, “El Salvador firma un Acuerdo de comercio con Estados Unidos que elimina la tarifa del 10% a exportaciones salvadoreñas, consolidando la fuerte relación entre ambas naciones”, afirmó al medio.
Desde la otra orilla, el mensaje expuesto por Greer se orientó a la visión sostenida por la Casa Blanca en los últimos años. Según el representante comercial, “La visión del presidente Trump es construir un nuevo orden comercial para la colaboración y la prosperidad en América Latina, impulsando aún más los intereses económicos y de seguridad nacional del pueblo estadounidense”, declaró Greer al medio.
El funcionario subrayó el carácter pionero del convenio al remarcar: “La firma hoy del primer Acuerdo de Comercio Recíproco en el Hemisferio Occidental fortalecerá aún más los mercados para las exportaciones estadounidenses y reducirá las barreras comerciales que enfrentan los trabajadores y productores estadounidenses”.

A nivel técnico, la estructura del acuerdo responde a tres bloques temáticos: desgravación arancelaria, apertura regulatoria y compromisos en derechos laborales y ambientales. Según detalló la fuente, Estados Unidos y El Salvador lograron el primer acuerdo recíproco del hemisferio occidental, ampliando la relación comercial para eliminar aranceles en la exportación de productos textiles y agrícolas salvadoreños no producidos en cantidad suficiente en territorio estadounidense. Esta ventaja arancelaria abre la puerta a nuevos flujos de exportación, con énfasis en rubros no cubiertos por la capacidad productiva de la economía estadounidense.
El acuerdo comercial recíproco entre Estados Unidos y El Salvador ofrece varios beneficios económicos relevantes para ambos países:
- Aumento de exportaciones salvadoreñas: La eliminación de aranceles permite que productos como textiles, café, azúcar y otros bienes con baja competencia en el mercado estadounidense ingresen en mejores condiciones, lo que puede incrementar el volumen de exportaciones y generar mayores ingresos para empresas salvadoreñas.
- Atracción de inversión extranjera: Al contar con acceso preferencial al mercado estadounidense, El Salvador se vuelve más atractivo para inversores nacionales y extranjeros, especialmente en sectores exportadores y manufactureros.
- Generación de empleo: La mayor demanda de productos salvadoreños en Estados Unidos puede traducirse en la creación de nuevos puestos de trabajo en industrias relacionadas con la exportación, la logística y la producción agrícola.

- Modernización y competitividad: El acuerdo impulsa la adopción de estándares internacionales en materia regulatoria, laboral y ambiental, lo que contribuye a modernizar las cadenas productivas y aumentar la competitividad de las empresas salvadoreñas.
- Diversificación de mercados: La reducción de la dependencia de mercados tradicionales y la apertura a nuevos nichos de exportación fortalece la resiliencia económica de El Salvador ante fluctuaciones globales.
- Acceso a bienes estadounidenses: El Salvador también se beneficia con el acceso facilitado a productos farmacéuticos, médicos y automotrices de origen estadounidense, lo que puede mejorar la oferta local y reducir costos para consumidores y empresas.

Estos beneficios, de concretarse plenamente, pueden contribuir al crecimiento económico, la estabilidad y la integración regional de El Salvador.
El pacto incorpora medidas para abordar el impacto de las empresas estatales y los subsidios industriales que puedan distorsionar la competencia: El Salvador se ha comprometido a abordar las posibles acciones distorsionadoras de las empresas estatales y a abordar los subsidios industriales que puedan tener un impacto en la relación comercial bilateral. La cooperación económica bilateral se amplía al terreno de la seguridad y la innovación: Estados Unidos y El Salvador se han comprometido a fortalecer la cooperación económica, de seguridad nacional para mejorar la resiliencia y la innovación en la cadena de suministro a través de acciones complementarias para abordar las políticas no comerciales de otros países, así como abordar la evasión arancelaria, cooperar en materia de compras gubernamentales, seguridad de la inversión y controles de las exportaciones.
El acuerdo entre Estados Unidos y El Salvador contrasta con la situación de otros países centroamericanos. Desde el 7 de agosto de 2025, Estados Unidos impuso un arancel del 18% a la mayoría de las exportaciones provenientes de Nicaragua, uno de los gravámenes más altos que sufre la región.
Los sectores alcanzados incluyen textiles, confecciones, oro, carne bovina y café. Por su parte, Honduras enfrenta actualmente un arancel general del 10% en la mayoría de sus exportaciones a Estados Unidos, aunque ciertos productos específicos, como arneses de cables, tienen aranceles del 25% en el caso de autopartes.
