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Susan Sontag, la mujer que se negó a vivir una vida pequeña: sus amores desprejuiciados, la guerra y la escritura como combate

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16 enero 2026
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Noticias

¿Quién fue el verdadero estrangulador de Boston?: una confesión inesperada, un preso desequilibrado y un enigma de más de 60 años

Redacción
Publicado el: 18 enero 2026 5:42 am
Por Redacción
17 minutos de lectura
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¿Quién fue el verdadero estrangulador de Boston?: una confesión inesperada, un preso desequilibrado y un enigma de más de 60 años
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El 10 de enero de 1967 Albert DeSalvo era trasladado a una comparecencia ante el tribunal en Cambridge, Massachusetts (AP Photo, File)

Debieron pasar casi cincuenta años desde el último de los crímenes que se le atribuyeron a Albert DeSalvo, el supuesto “Estrangulador de Boston”, para que uno solo de esos asesinatos quedara relacionado con él de manera cierta. Ocurrió en 2013, cuando se comparó el ADN obtenido ilegalmente de uno de sus sobrinos tuvo una coincidencia del 99,9% con el recuperado del cuerpo de la última de sus posibles víctimas, Mary Sullivan, y de la manta en la que se lo encontró. A fines de 1964, DeSalvo, casado, padre de familia y veterano del ejército, confesó haber matado a las 11 mujeres atribuidas al asesino en serie que la prensa y la policía habían bautizado como el estrangulador, y por si fuera poco, agregó dos más a esa lista. Nunca fue condenado por esas muertes, aunque sí recibió una pena de cadena perpetua por una serie de robos a mano armada y agresiones sexuales cometidos en esa misma ciudad. Después DeSalvo se retractó de esas confesiones, pero no hubo vuelta atrás: para todo el mundo, aunque sin pruebas, era el famoso Estrangulador de Boston.

Para los últimos meses de 1964, el abogado F. Lee Bailey estaba todavía lejos de obtener su fama como defensor de la heredera multimillonaria Patricia Hearst y del jugador de fútbol americano devenido asesino O.J. Simpson. Pensó que tenía un caso más cuando se sentó frente a un preso ignoto al que debía defender por cargos de allanamiento de vivienda, secuestro e intento de violación. No había demasiadas pruebas contra Albert DeSalvo, el detenido. Apenas un identikit elaborado a partir de la descripción de la víctima y luego un reconocimiento en rueda de presos que no alcanzaba a ser determinante porque la mujer no estaba totalmente segura de que ese hombre fuera el mismo que, vestido con ropa de trabajo verde de empleado de una compañía eléctrica, entró en su casa, la ató en la cama y cuando ya estaba listo para violarla se frenó y le dijo “lo siento” y se escapó.

Algunas de las víctimas de

Algunas de las víctimas de los asesinatos en serie que se atribuyó Albert DeSalvo

El abogado y el reo estaban frente a frente en la sala de entrevistas de la cárcel cuando Bailey abrió con un gesto mecánico su libreta de apuntes, dispuesto a tomar notas que ayudaran a la defensa. Sin embargo, no alcanzó a hacerle una sola pregunta su defendido.

-¿Qué haría si alguien le ofreciera la nota periodística del siglo? – le disparó DeSalvo.

-¿Y cuál sería?

-Hablo del estrangulador de Boston.

-¿Lo conoce? ¿Qué sabe de él? – preguntó el abogado apenas superó la sorpresa.

-Soy yo.

-¿Mató a esas mujeres?

-A todas.

Así, en menos de cinco minutos, un improbable criminal se convirtió en el asesino en serie que desesperaba a la policía de Boston y aterrorizaba a la región, el responsable la muerte de trece mujeres – en esos tiempos se estaba muy lejos de llamarlas femicidios – entre el 14 de junio de 1962 y el 4 de enero de 1964. Las mataba por estrangulamiento, usando las prendas de las propias mujeres o una soga que siempre dejaba en la escena del crimen.

Albert DeSalvo ni siquiera estaba en la lista de sospechosos que había elaborado el grupo especial de la policía de Boston que se conocía como la “Oficina del Estrangulador”. Las víctimas eran solteras, vivían solas y tenían entre 19 y 85 años. Sus nombres habían aparecido en las páginas policiales de los diarios de Boston y también del resto del país. Se llamaban Ana Slesers, Mary Mullen, Nina Nichols, Helen Blake, Ida Irga, Jane Sullivan, Sophie Clark, Patricia Bissette, Mary Brown, Beverly Samans, Evelyn Corbin, Joann Graff y Mary Sullivan.

DeSalvo no se conformó con decírselo a su abogado, sino que, contra sus consejos, confesó. Y tan pronto como confesó – con detalles incluidos – se arrepintió.

-No es verdad, no maté a nadie. Sólo quería ganar dinero con la entrevista – dijo.

Ya era tarde. Dos años después fue condenado a cadena perpetua en enero de 1967, pero pasó solo seis años en la prisión de máxima seguridad de Walpole, Massachussets: el 25 de noviembre de 1973 fue asesinado a puñaladas por otros dos presos.

Pasado más de medio siglo de su muerte – y seis décadas de ocurridos los crímenes que primero confesó y luego negó – la duda persiste: ¿Fue realmente Albert DeSalvo el Estrangulador de Boston? Y también: ¿Se trató de un único asesino o fueron varios que utilizaron el mismo método para matar?

El primero de los crímenes que luego fue atribuido al supuesto asesino en serie ocurrió el 14 de junio de 1962. Ese día la modista Anna Slesers, de 55 años, soltera pero madre un hijo que ya no vivía con ella, apareció estrangulada en la cocina de su departamento, con el cinturón de su bata atado alrededor del cuello. Ese mismo año, el Estrangulador de Boston – como se lo comenzó a llamar a medida que se sucedían los crímenes – asesinó a siete mujeres más. En 1963, la lista sumó otras cuatro víctimas, y el 4 de enero de 1964 se registró el último crimen, cuando mató a Mary Sullivan, de 19 años.

El parecido entre los crímenes hizo pensar en un asesino en serie. Las coincidencias no eran pocas: todos los asesinatos fueron perpetrados dentro de los límites de la ciudad de Boston y todas las víctimas eran mujeres que vivían solas. A todas las mataron por estrangulamiento, utilizando sus propias prendas – medias, corpiños, bufandas, cinturones -, aunque en ocasiones el asesino dejó también una cuerda en la escena del crimen. Algunas fueron encontradas con una bombacha en la boca, otras no. En ninguna de las casas o departamentos donde vivían las cerraduras estaban forzadas, lo que hizo pensar a los investigadores que el autor había logrado entrar con engaños o amenazas luego de que le abrieran la puerta. Se especulaba que el asesino era o se disfrazaba de operario de alguna empresa de agua, gas o electricidad para engañar a las mujeres.

Las coincidencias llegaban hasta allí. Lo que no les cerraba a los investigadores eran otras características de las mujeres asesinadas: la mitad tenía entre 55 y 85 años, mientras que las otras cinco estaban entre los 19 y los 23. Había mucha diferencia de edad entre un grupo y otro, por lo que podía tratarse de dos asesinos diferentes en lugar de uno. Además, en algunos casos las víctimas estaban boca arriba y en otros boca abajo, a veces en la cama y otras en el piso, aunque siempre con las piernas abiertas. A veces el agresor robaba joyas o dinero, otras no.

 Escena de la película

Escena de la película El estrangulador de Boston (2023), protagonizada por Keira Knightley (20th Century Studios)

Como estos detalles se contaban en los diarios y los noticieros, también podía tratarse de un primer asesino – el estrangulador original – y de uno o más imitadores, tan criminales como el primero pero diferentes. La policía dudaba, pero para la prensa era solo uno: se vendían muchos más diarios si se titulaba nombrando al Estrangulador de Boston.

Antes de que hiciera su confesión – verdadera o falsa – nadie había sospechado de Albert DeSalvo, pero después de eso le pusieron todas las fichas. Al investigar su pasado, la policía descubrió que tenía antecedentes: había pasado unos meses preso en 1960, por abusos sexuales que no llegaban a la violación.

El tipo llamaba a las puertas de casas o departamentos donde vivían mujeres jóvenes y solas con una tarjeta de presentación que, a veces, permitía que lo dejaran entrar. Decía que pertenecía a una agencia que buscaba modelos para avisos publicitarios y se ofrecía a tomarles las medidas para ver si daban con las que se buscaban. En ocasiones le cerraban la puerta en la cara, pero otras lo hacían pasar. Entonces sacaba un centímetro para supuestamente medirlas, pero en lugar de eso las acariciaba. Siempre huía cuando las víctimas se resistían o gritaban. Hasta el día que hubo un policía cerca y lo pudo detener.

El prontuario decía que el agresor había prestado servicio en el Ejército, que estaba casado y tenía dos hijos. Después de ese episodio, su mujer lo dejó. También había sido arrestado por robo cuando era adolescente. No una sino varias veces. Porque la vida que había llevado – o, mejor dicho, sufrido – DeSalvo de niño tampoco lo ayudaba para tener una imagen de inocente. Para los cánones de la psicología forense de los ’50 y los ’60, su infancia bien podía haber producido un monstruo. Era hijo de un padre alcohólico y violento, que costumbraba a golpear a su mujer, a su hermana y a él. Cuando se cansó de alimentar a los chicos, se los vendió a un granjero para que los usara como trabajadores esclavos. Para escapar de esa situación, Albert se alistó en el Ejército, perdió de vista a su hermana y cuando terminó de prestar servicio no la buscó.

Albert DeSalvo, el hombre que

Albert DeSalvo, el hombre que confesó ser el Estrangulador de Boston y luego se retractó, nunca fue condenado por los trece asesinatos que se le atribuyeron (AP Photo/Frank C. Curtin, File)

Con esos antecedentes y la confesión, los investigadores y la justicia no tuvieron dudas de que DeSalvo era el estrangulador. Lo “confirmaron” con dos informes psiquiátricos generados en el hospital estatal Bridgewater. Allí, bajo hipnosis, dio detalles de los crímenes a los doctores William Joseph Bryan y John Bottomly. Sin embargo, nadie reparó en algo llamativo: en ninguno de los relatos, DeSalvo agregó un solo detalle a la estricta descripción de los crímenes del Estrangulador que estaba publicada en los diarios. Todo lo que DeSalvo dijo en su confesión era de conocimiento público.

El abogado defensor Bailey desistió de alegar la inocencia de DeSalvo y durante el juicio desplegó una estrategia que buscaba la declaración de inimputabilidad por demencia. “Cuando era niño, fue maltratado cruel y descaradamente, y estuvo expuesto a la conducta más desviada”, dijo en su defensa. En su alegato contó que le habían enseñado a robar a los seis años y que el granjero a quien su padre lo había vendido le enseñó a matar animales con “crueldad extrema”. Luego de un largo desarrollo de las situaciones que habían enloquecido a su defendido, remató: “Esta sucesión de maltratos se acumularon hasta un punto en que explotaron y lo llevaron a cometer sus crímenes”, alegó.

Durante décadas, el rostro de

Durante décadas, el rostro de Albert DeSalvo quedó asociado al del Estrangulador de Boston, pese a que su responsabilidad en los crímenes nunca fue probada judicialmente (AP Photo/Frank C. Curtin, File)

El Tribunal no lo sentenció por esos crímenes, pero el 18 de enero de 1967 lo condenó a prisión perpetua por robos y agresiones sexuales previas a la saga del Estrangulador. Primero lo encerraron en el sector carcelario del hospital de Bridgewater, del que huyó con otros dos reclusos a mediados de ese año. Lo recapturaron y lo enviaron a la prisión de máxima seguridad de Walpole.

Desde la cárcel DeSalvo siguió negando la autoría de los crímenes del Estrangulador de Boston. Allí escribió un poema enigmático: “Esta es la historia del estrangulador, nunca contada / El hombre que dice haber asesinado a trece mujeres / jóvenes y viejas / (…) Hoy está en el interior de una celda / Muy adentro suyo, sólo puede revelar un secreto”. Ese secreto se lo llevó a la tumba el 25 de noviembre de 1973, cuando murió apuñalado por otros dos reclusos.

En esta foto de archivo

En esta foto de archivo del 18 de marzo de 1973, Albert DeSalvo, el autoproclamado «estrangulador de Boston», exhibe joyas creadas mientras cumplía condena en la prisión estatal de Walpole, Massachusetts (AP Photo/Bill Chaplis, File)

Para entonces, las dudas sobre su responsabilidad en los crímenes del supuesto asesino en serie que había aterrorizado a Boston entre 1962 y 1964 habían quedado aplastadas por la leyenda construida a su alrededor. Ya nadie recordaba el rostro ni la verdadera historia de Albert DeSalvo. Desde 1968, cada vez que se nombraba al Estrangulador de Boston, al público se le aparecía el rostro perverso de Tony Curtis en su genial interpretación protagónica de la película sobre el supuesto asesino serial dirigida por Richard Fleischer.

La portada de el Post

La portada de el Post con Tony Curtis como El Estrangulador de Boston

Su figura también fue utilizada para una macabra broma del Día de los Santos Inocentes. En diciembre de 1971 la Legislatura de Texas aprobó de manera unánime una resolución que honraba a DeSalvo por su trabajo en el “control de la población”. La noticia provocó un escándalo y el autor del proyecto, el representante de Waco Tom Moore, debió salir a aclarar que se trataba de una jugada que había ideado para demostrar que sus colegas aprobaban proyectos sin siquiera leerlos.

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