“Tal vez lo haga”. Así respondió Roger Waters, músico y exintegrante de Pink Floyd, cuando el periodista Piers Morgan le propuso mudarse a Irán o Venezuela si sentía tanto rechazo por Estados Unidos, país en el que reside. El cruce, transmitido durante el programa Piers Morgan Uncensored, marcó el punto de mayor tensión entre ambos al poner en primer plano el activismo y las convicciones políticas del artista británico.
Morgan fue directo en el tramo final de la entrevista: “Tú atacas mucho a Estados Unidos y a Donald Trump, pero vives en Estados Unidos, ¿verdad? Me parece que hay una inconsistencia ahí. ¿Por qué vivir en un lugar si lo odias tanto o si odias tanto a sus líderes?”. Waters, molesto, mantuvo la mirada y dejó abierta la posibilidad de mudarse, limitándose a decir: “Tal vez lo haga”.
Antes del enfrentamiento, Waters había manifestado su respaldo al exdictador Nicolás Maduro. “Lo apoyo porque es el líder democráticamente electo de un país que representa todos los principios del proceso revolucionario bolivariano y chavista”, afirmó.
Luego añadió que Maduro “representa al pueblo de Venezuela, que vive de forma completamente diferente a cómo viven en Estados Unidos o en Inglaterra”.
Morgan, por su parte, cuestionó la legitimidad democrática del régimen de Maduro e hizo hincapié en las críticas de observadores internacionales a los procesos electorales de Venezuela.
La conversación giró también hacia la figura de Vladimir Putin y la guerra en Ucrania. Waters expresó: “Condujo la operación militar especial con sus guantes puestos”.
Insistió en que, desde su punto de vista, Putin “realmente ha intentado no dañar a civiles y demás”. Además, advirtió a los gobiernos occidentales que un eventual cambio de liderazgo en Rusia podría traer “consecuencias mucho peores”.
El nombre de Donald Trump tampoco pasó desapercibido. Waters lo calificó de “demente” y “malvado”. Morgan retomó entonces el tema de la coherencia personal, señalando la permanencia del músico en Estados Unidos pese a su crítica frecuente al país.
La discusión retomó en varias ocasiones la relación entre el activismo de Waters, su vida privada y su presencia en los medios.
En otro pasaje intenso, Morgan acusó a Waters de sostener discursos “que defienden a grupos terroristas y potentes dictaduras”. Fue más allá al poner en duda el verdadero propósito de su activismo: “Cuando analizo tu visión del mundo, no veo a alguien —con todo respeto, Roger— que defienda a los desposeídos y a los que no tienen poder. Veo a alguien que intenta apuntalar a dictaduras y regímenes poderosos”.
Waters se desmarcó de esa lectura y defendió el sentido de su activismo y su presencia en el debate público: “Estoy aquí para ser la voz de quienes no tienen voz”.
Al cierre de la conversación, el músico reivindicó la importancia de seguir una brújula ética personal. Indicó que su trabajo y su exposición pública nacen de convicciones morales firmes que guían cada una de sus acciones.
