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Seis veces peor que el Titanic: los 9.000 muertos del Gustloff, el barco de evacuación alemán hundido por tres torpedos soviéticos

Redacción
Publicado el: 30 enero 2026 9:53 am
Por Redacción
18 minutos de lectura
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Seis veces peor que el Titanic: los 9.000 muertos del Gustloff, el barco de evacuación alemán hundido por tres torpedos soviéticos
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Hundimiento del barco MV Wilhelm Gustloff (Wilhelm Gustloff Museum)

Corría enero de 1945 y la Alemania nazi vislumbraba la derrota en un horizonte cada vez más cercano, asfixiada por el avance de las tropas norteamericanas y británicas que habían desembarcado en Europa desde el Atlántico y la incontenible contraofensiva del Ejército Rojo que, desde el Este, recuperaba la Polonia devastada por el Tercer Reich. Allí, más de un millón de alemanes se escondían y pugnaban por huir para no caer en manos de las tropas soviéticas. Había militares, pero también civiles destinados en el Gobierno de ocupación de Polonia, muchos de los cuales estaban acompañados por sus familias. En esa situación desesperada, los puertos del Báltico eran casi la única vía de escape, mediante un millar de barcos enviados por Adolf Hitler. Uno de ellos, el de Danzig (la actual Gdansk), un gigante enviado por el Gobierno alemán, esperaba para evacuar a la mayor cantidad posible de personas.

El MV Wilhelm Gustloff, una inmensa mole naval de cinco pisos, con 208,5 metros de largo y un peso de 25.000 toneladas, se ofrecía como la mayor tabla de salvación y los muelles del puerto de Gdynia, cerca de Danzig, se llenaron de desesperados refugiados que pugnaban por abordarlo. Para el 29 de enero, la lista del transatlántico precisaba la asistencia de 7.956 personas a bordo. Ya no se anotaron más, pero en los dos días siguientes un gran número de desesperados se coló sin que nadie lo impidiera.

El enorme buque tenía capacidad para 1.900 pasajeros más la tripulación de 400, pero cuando zarpó el día 30 del primer mes de 1945, llevaba más de diez mil personas a bordo. Se creían a salvo, sin saber que esa inmensa mole flotante pronto se convertiría en un monumental sepulcro en el fondo del mar. Lo esperaban tres misiles soviéticos bautizados con nombres alusivos a la grandeza del gigante socialista: “Madre Patria”, “Stalin” y “Pueblo soviético”. Fueron sus impactos los que acabaron con él y con las vidas de más de 9.000 personas, un número seis veces mayor que el de las víctimas del hundimiento del Titanic.

El MV Wilhelm Gustloff era

El MV Wilhelm Gustloff era una inmensa mole naval de cinco pisos, con 208,5 metros de largo y un peso de 25.000 toneladas. Tenía capacidad para alojar a 1.900 pasajeros más la tripulación de 400, pero cuando zarpó el 30 de enero de 1945 llevaba más de diez mil personas a bordo

Víctima de la guerra, el MV Wilhelm Gustloff no era un buque militar, sino que había sido pensado y diseñado para el placer del pueblo nacionalsocialista. Construido en 1936 por orden de Adolf Hitler y enmarcado en el programa “Kraft Durch Freude” (Fuerza por la alegría), ideado por el líder sindical Robert Ley con el objetivo de ofrecer unas incomparables vacaciones a las clases obreras de Alemania en tiempos de paz, el Gustloff fue bautizado así al ser botado en 1938, en memoria del político nazi de origen suizo Wilhelm Gustloff, asesinado en febrero de 1937.

Era un lujoso hotel flotante. Resultado del proyecto número 511 de los astilleros Blohm & Voss, de Hamburgo, tenía ocho amplias cubiertas. Los pasajeros podían disfrutar, además, de una piscina interior climatizada, amplios camarotes —todos iguales salvo uno, reservado para Hitler si deseaba viajar en él— y unos enormes comedores comunitarios donde desayunaban, almorzaban y cenaban en mesas con valiosos cubiertos de plata con una esvástica finamente grabada. Por supuesto, contaba con un inmenso gimnasio donde los hombres y mujeres podían perfeccionar sus cuerpos para acercarlos al ideal de la raza superior. Con tantos lujos, desde su primera travesía fue todo un éxito y sus cupos para los cruceros por el mar Báltico estaban siempre llenos.

Su viaje inaugural fue el 21 de abril de 1938 con destino a la isla de Madeira, en Portugal, y durante más de un año llevó a cabo muchos más, destinados a trabajadores afiliados al Partido Nacional Socialista. Quizás debido a ese éxito nadie reparó en que, durante ese primer viaje, ocurrió un hecho desgraciado que, tal vez, marcara el destino del barco. El capitán, Carl Lübbe, de 55 años, lo condujo a través del río Elba en medio de una gran cobertura periodística. Lo que los medios no publicaron fue que al día siguiente el marino murió de un ataque al corazón en el puente de mando. De igual manera que la vida del capitán Lübbe, el proyecto de viajes de placer para el que había sido pensado el Gustloff concluyó abruptamente con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando el alto mando militar alemán lo convirtió en un buque de apoyo en la contienda.

El Wilhelm Gustloff había sido

El Wilhelm Gustloff había sido diseñado para el placer del pueblo nacionalsocialista, por eso era un lujoso hotel flotante, con un éxito rotundo y sus cupos para los cruceros por el Báltico siempre llenos. Hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando el alto mando militar alemán lo convirtió en un buque de apoyo en la contienda (United Archives/Heinz Pollmann/S)

La primera misión militar del Gustloff le fue encomendada en realidad antes del comienzo de la Segunda Guerra. Todavía formaba parte del proyecto “Fuerza por la alegría” cuando se lo utilizó para repatriar desde España a la Legión Cóndor que había participado de la Guerra Civil del lado franquista.

Cuando Alemania invadió Polonia, en septiembre de 1939, fue transformado en buque hospital y tuvo como primer destino el puerto de Danzig hasta mayo de 1940. Luego operó como buque nodriza de submarinos y volvió a cumplir con sus misiones sanitarias, anclado en Oslo, durante la invasión a Noruega. Para entonces, ya llevaba pintada sobre su casco blanco, una franja verde a lo largo de la eslora y una estrella de la Cruz Roja Internacional en la chimenea.

Más tarde fue trasladado a Stettin para ser preparado como transporte de tropas y buque hospital en la Operación León Marino contra Gran Bretaña, pero el fracaso de la Luftwaffe en conquistar la supremacía aérea sobre el Reino Unido lo devolvió a Oslo, de nuevo como buque hospital.

Desde fines de 1940 hasta 1943 sirvió como buque cuartel y alojamiento para la Armada. Se lo pintó con el típico gris naval de los buques de guerra alemanes y se le borró la cruz hospitalaria de la chimenea. Le instalaron sobre la cubierta tres cañones de 105 milímetros y cuatro cañones de 20 milímetro por banda. Así, el Gustloff perdió todas las atribuciones pacíficas de su pasado y se convirtió en un buque puramente militar.

Iniciada la Segunda Guerra, el

Iniciada la Segunda Guerra, el Wilhelm Gustloff fue transformado en buque hospital, operó como buque nodriza de submarinos, como transporte de tropas y como cuartel y alojamiento para la Armada (United Archives/Heinz Pollmann/S)

En enero de 1945, cuando las tropas soviéticas bloquearon Prusia Oriental, Alemania comenzó los preparativos para la “Operación Aníbal”, que consistía en la evacuación masiva de las tropas alemanas y los civiles que vivían en el área. Se destinaron más de mil embarcaciones, entre las cuales se contaban buques mercantes, pesqueros y cuanto barco pudiera ser útil para rescatar a los alemanes atrapados por el cerco del Ejército Rojo. Entre todos ellos, el Wilhelm Gustloff se destacaba por su porte monumental y sus amplios espacios, capaces de albergar a miles de personas. Se lo destinó a evacuar civiles, personal militar y técnicos alemanes.

Su llegada al puerto de Gydnia, cerca de Danzig, el 25 de enero, causó conmoción. Todos pugnaban por subir, tratando de violar el orden establecido: primero personal militar y técnico, y después civiles, con prioridad para las mujeres y los niños. Se había drenado la enorme piscina interior para crear una suerte de hospital donde 375 enfermeras de la Armada y unos pocos médicos pudieran atender a los heridos. Había, además, unos mil cadetes submarinistas que, con el entrenamiento recién terminado, debían servir de apoyo a la tripulación oficial.

Fue un pandemónium y para el 30 de enero se apretujaban a bordo más de diez mil personas, muchas en las cubiertas superiores, a la intemperie, expuestas a temperaturas bajo cero que provocaban decenas de casos de hipotermia. La cuestión era salvarse y el enorme MV Wilhelm Gustloff parecía el pasaporte más seguro para escapar del incontenible avance del Ejército Rojo.

En enero de 1945 Alemania

En enero de 1945 Alemania comenzó la “Operación Aníbal”, que consistía en la evacuación masiva de las tropas alemanas y los civiles que vivían en el área. Para el 30 de ese mes se apretujaban a bordo del MV Wilhelm Gustloff más de diez mil personas que buscaban escapar del avance del Ejército Rojo

Así abarrotado, el Gustloff salió del puerto pasado mediodía del 30 de enero con destino a la base naval de Kiel. Debía navegar escoltado por dos torpederos y otro transatlántico armado, pero este último no pudo zarpar por problemas mecánicos y uno de los torpederos volvió a puerto poco después de la partida.

El comandante militar del barco, el teniente Wilhelm Zahn, sugirió tomar un curso en aguas poco profundas cerca de la costa y sin luces, pero el capitán del Gustloff, Friedrich Petersen, decidió dirigirse a aguas profundas que se sabía que habían sido limpiadas de minas. A las seis de la tarde Petersen recibió la información de que un convoy de dragaminas alemán se dirigía hacia ellos y, para evitar la colisión, ordenó activar las luces de navegación de su barco, lo que hizo que el enorme crucero devenido barco de evacuación fuera fácil de detectar en la oscuridad.

Con esas luces encendidas, no tardó en ser avistado por el submarino soviético S-13, bajo el mando del capitán Alexander Marinesko. El submarino siguió al barco durante dos horas antes de posicionarse en el costado de babor, más cerca de la costa, desde donde el ataque sería menos esperado.

Habían pasado pocos minutos de las nueve de la noche, cuando el Gustloff fue alcanzado por los tres torpedos de nombre soviético y la explosión deshabilitó los motores, apagó los generadores de energía y cortó todas las comunicaciones. Fue el principio del naufragio con mayor cantidad de muertes de la historia.

El 30 de enero de

El 30 de enero de 1945, con más de diez mil personas a bordo, el Gustloff fue alcanzado por tres torpedos soviéticos que dieron inicio al naufragio con la mayor cantidad de muertes de la historia (BTEU/Gerfototek)

El barco quedó totalmente a oscuras y la tripulación de cubierta liberó los botes salvavidas, pero solo se pudo bajar nueve, porque otros habían quedado congelados, adheridos a sus pescantes y con las cuerdas imposibles de mover. Además, como el barco había comenzado a babor, no se pudieron utilizar los botes salvavidas del lado de estribor. De los pocos botes que llegaron a posarse sobre las aguas, uno fue hundido al caer sobre él un cañón antiaéreo que se había soltado.

Mientras tanto, debajo de cubierta, miles de personas intentaban escapar del agua helada que entraba al barco, pero quedaban atascadas en las escaleras. Hubo quienes murieron aplastados por la estampida y otros que se suicidaron, en algunos casos después de matar a tiros a sus propias familias para evitarles el sufrimiento de ahogarse o congelarse en el mar.

Menos de 40 minutos después de recibir el impacto, el Wilhelm Gustloff estaba totalmente escorado hacia un lado y diez minutos más tarde desapareció por completo bajo las aguas, con miles de personas en sus entrañas. De los que a último momento lograron saltar al mar, la mayoría murió por hipotermia a los pocos minutos de permanecer en el agua.

De más de diez mil personas que estaban a bordo, solo se contaron unos 1.200 sobrevivientes, rescatados por un par de torpederos, un dragaminas y otras embarcaciones que llegaron rápidamente al lugar del hundimiento.

Los pasaportes de algunas de

Los pasaportes de algunas de las víctimas se exhiben en el museo del naufragio

En el fragor del final de la guerra, el hundimiento del MV Wilhelm Gustloff pasó casi inadvertido, a pesar de la enorme pérdida de vidas, no solo de militares sino de civiles. El régimen nazi directamente ocultó la tragedia, los sobrevivientes fueron ignorados e incluso amenazados por las juventudes hitlerianas. Alemania no podía reconocer una catástrofe como aquella, que podía desmoralizar más aún a sus tropas y a la población.

Recién con el correr de los años se abrió el debate —fundamentalmente entre historiadores— sobre si su trágico final podía considerarse un crimen de guerra cometido por los soviéticos. El comandante del submarino soviético, Alexandr Marinesko, estuvo lejos de alcanzar la gloria inmediata por haber hundido al Gustloff. Al contrario, fue acusado de alcoholismo y de haber desaparecido durante tres días para estar con una mujer sueca, por lo que fue degradado. Pasarían muchos años hasta que, finalmente, el Gobierno soviético le otorgara la “Orden de la Bandera Roja”, una condecoración menor. Solo después de su muerte se lo nombraría Héroe de la Unión Soviética.

Cuando se cumplen 81 años de su hundimiento el MV Wilhelm Gustloff, cuya monumental estructura todavía reposa a 44 metros de profundidad sobre el lecho del Báltico, sigue siendo el mayor sepulcro que existe bajo el mar.

Con el tiempo, el cine alemán abordó con dos películas el hundimiento del Gustloff: en 1959 se estrenó Nacht fell uber Gotenhafen, dirigida por Frank Wisbar y protagonizada por Sonja Ziemann, y en 2008 se produjo una película para TV, llamada Die Gustloff, dirigida por Joseph Vilsmaier y protagonizada por Kai Wiesinger. La memoria de las víctimas fue rescatada por la escritora estadounidense Ruta Sepetys en su novela Lágrimas en el Mar. Cuando le preguntaron por qué había elegido el tema, respondió: “Una prima de mi padre estuvo a punto de embarcar en el Wilhelm Gustloff y me pidió que diera voz a aquellos que murieron creyendo que sus historias se habían hundido con ellos”.

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