Las fuerzas armadas sirias denunciaron este miércoles la violación del alto el fuego con las milicias kurdas tras una explosión que mató a siete soldados e hirió a una veintena cerca de la frontera con Irak. Según el Ministerio de Defensa, un dron enviado por las Fuerzas Democráticas Sirias bombardeó una fábrica de armamento abandonada por los kurdos en Yarubiyah, provincia de Hasakeh, cuando un grupo de militares inspeccionaba las instalaciones. La coalición kurda negó haber ejecutado operación militar alguna en la zona y lo atribuyó a un accidente durante el transporte de munición por parte de facciones gubernamentales.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos confirmó que la explosión se produjo en un almacén de municiones al que había llegado armamento en días recientes, en medio de los combates entre el gobierno y las Fuerzas Democráticas Sirias. La entidad indicó que hombres armados leales a Damasco se encontraban dentro del depósito cuando ocurrió la deflagración, pero no precisó si se trató de un ataque deliberado o un accidente.
El incidente se produjo apenas 48 horas después de que ambas partes firmaran un segundo alto el fuego el martes por la noche, tras el colapso de un acuerdo previo sellado el domingo con mediación de Estados Unidos. Ese primer pacto contemplaba la integración de las milicias kurdas en las instituciones estatales sirias y el traspaso de control territorial, pero las violaciones se sucedieron casi de inmediato.
La disputa ilustra las dificultades para implementar el acuerdo de integración firmado el 18 de enero entre el presidente sirio Ahmed al-Sharaa y el comandante kurdo Mazloum Abdi. Ese pacto, negociado por el enviado especial estadounidense Tom Barrack, obligaba a las Fuerzas Democráticas Sirias a ceder las provincias de Raqa y Deir Ezzor al Ejército sirio, renunciar a campos petroleros estratégicos y entregar la custodia de prisioneros del Estado Islámico. A cambio, Damasco prometió integrar a los combatientes kurdos en sus fuerzas de seguridad y garantizar derechos constitucionales para la minoría kurda.

Entre el 6 y el 11 de enero, el Ejército sirio lanzó una ofensiva contra los barrios kurdos de Alepo, desplazando a más de 150.000 personas. El 18 de enero, el gobierno tomó el control de Raqa, la antigua capital del autodenominado califato del Estado Islámico, y de vastas extensiones del noreste, incluyendo el campo petrolero de Al-Omar, el más grande de Siria.
Turquía, aliado clave del gobierno sirio, considera a las Fuerzas Democráticas Sirias como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, organización clasificada como terrorista por Ankara, la Unión Europea y Estados Unidos. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan elogió la ofensiva siria contra los kurdos y exigió la expulsión de todos los combatientes del PKK del territorio sirio.
Estados Unidos enfrenta un dilema diplomático. Durante más de una década, Washington respaldó a las Fuerzas Democráticas Sirias como aliado fundamental en la lucha contra el Estado Islámico, derrotado territorialmente en 2019. Pero desde la caída del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, la administración del presidente Donald Trump apoya al nuevo gobierno islamista liderado por al-Sharaa, antiguo comandante yihadista vinculado a Al Qaeda que adoptó un discurso pragmático.
Trump declaró la semana pasada que el propósito de la alianza estadounidense con los kurdos había terminado. El martes, durante una conversación telefónica con al-Sharaa, Trump enfatizó la necesidad de garantizar los derechos de la población kurda dentro del marco del Estado sirio y acordó continuar la cooperación contra el Estado Islámico.

El traspaso de prisiones y campos de detención del Estado Islámico agrega otra capa de tensión. Las milicias kurdas custodian unos 9.000 combatientes yihadistas en más de una docena de cárceles en el noreste, además de alrededor de 50.000 familiares de combatientes en los campamentos de Al-Hol y Roj. El domingo, las fuerzas sirias asumieron el control del campamento de Al-Hol, que alberga a unas 24.000 personas.
El martes, el Ministerio del Interior sirio reportó que 120 prisioneros del Estado Islámico escaparon de la cárcel de Shadadi durante enfrentamientos por el control de la instalación. Damasco acusó a las Fuerzas Democráticas Sirias de liberar deliberadamente a los detenidos, mientras que los kurdos sostuvieron que perdieron el control tras un ataque gubernamental. Para el miércoles, las autoridades sirias afirmaron haber recapturado a 81 fugitivos.
El pacto del 18 de enero marca el desmantelamiento de la autonomía de facto que los kurdos ejercieron durante más de una década en el noreste sirio. Para las Fuerzas Democráticas Sirias, representa una derrota estratégica significativa. Abdi, el comandante kurdo, declaró el domingo que aceptó el acuerdo para evitar una guerra civil, pero fuentes kurdas describieron las negociaciones del lunes en Damasco como tensas y poco productivas.
La situación permanece volátil. El acuerdo otorga cuatro días para que las partes negocien un plan detallado sobre la integración de Hasakeh, la única provincia que las Fuerzas Democráticas Sirias aún controlan parcialmente. Si las negociaciones fracasan, la posibilidad de un conflicto prolongado se vuelve cada vez más real.
