
Sobre los Alpes franceses, en el corazón de Europa, se encuentra el aeropuerto internacional más empinado del mundo: el Altipuerto de Courchevel. Esta pequeña pero célebre terminal aérea, certificada por el Guinness World Records, ha sido durante más de seis décadas un desafío para pilotos y una curiosidad para viajeros de todo el planeta.
Tanto su historia, como diseño único y las condiciones extremas que la rodean, la han convertido en un verdadero ícono de la aviación de montaña.
El concepto de altipuerto, término que designa a las pistas de aterrizaje pequeñas y ubicadas en plena montaña, nació precisamente en Courchevel. El primer altipuerto del mundo surgió como la visión de Michel Ziegler, quien impulsó el proyecto hacia finales de los años cincuenta. El entonces alcalde Émile Ancenay autorizó la construcción de la pista en 1961, y el aeropuerto fue inaugurado el 31 de enero de 1962 con la llegada del primer avión.
En sus inicios, la pista no estaba pavimentada y tenía una longitud considerablemente menor que la actual. Solo podían aterrizar aviones equipados con esquíes, siempre que la nieve no fuera excesiva. En 1968 se pavimentó la pista, lo que permitió una mayor regularidad y seguridad en las operaciones. Posteriormente, en 1992, se amplió la calzada, consolidando a Courchevel como un enclave estratégico en la región.
Actualmente, la terminal se ubica a 2.008 metros sobre el nivel del mar y fue rebautizada el 23 de abril de 2023 como Altipuerto Michel Ziegler, en homenaje a su creador. Esta altitud, sumada a su geografía singular, determina muchas de las particularidades operativas de la terminal.

La característica más llamativa del altipuerto es, sin duda, su diseño inclinado. La pista de aterrizaje de Courchevel presenta una pendiente del 18,66%, lo que la convierte en la más empinada del mundo entre los aeropuertos internacionales según el AOPA (Aircraft Owners and Pilots Association). Los extremos de la vía presentan una diferencia de altura notable, obligando a que todos los aterrizajes se realicen cuesta arriba, mientras que los despegues se efectúan “en bajada”.
Esta inclinación extrema fue ideada para ayudar a frenar a los aviones durante el aterrizaje y facilitar la aceleración en el despegue, dadas las limitaciones de espacio. Como resultado, solo un grupo muy reducido de pilotos —menos de cien en todo el mundo— cuenta con la autorización y la experiencia suficiente para operar en Courchevel. Los aviones que utiliza la terminal son pequeños, de ala fija, y pueden llevar hasta más de 50 pasajeros, aunque también es frecuente la llegada de helicópteros.
La pista no dispone de sistemas de aproximación por instrumentos ni de iluminación especial para operaciones nocturnas o en condiciones de baja visibilidad. “Sin radares, ni comunicación por radio, ni luces de aproximación, el aterrizaje depende completamente de la pericia del piloto”, explican especialistas en aviación de montaña. Este hecho, sumado a las condiciones meteorológicas cambiantes, convierte a Courchevel en uno de los aeropuertos más peligrosos y extremos del mundo.

A pesar de los riesgos, Courchevel es una terminal con una actividad notable durante todo el año. Su proximidad a famosas estaciones de esquí y complejos turísticos de lujo la hace especialmente atractiva para vuelos privados. Desde 2014, solo una aerolínea comercial opera vuelos que conectan Courchevel con el resto de Francia, por lo que los billetes deben gestionarse con antelación.
El aeropuerto cuenta con una infraestructura sencilla pero funcional. Dispone de un hangar con espacio para diez aeronaves, un camión de bomberos, un tractor para remolque, una estación de repostaje y dos pequeños chalets donde pilotos y pasajeros pueden reunirse antes y después de sus vuelos. Esta combinación de servicios permite ofrecer una experiencia exclusiva en un entorno de alta montaña.
Debido a la falta de sistemas electrónicos de ayuda y a la naturaleza de su pista corta y empinada, el aeropuerto ha sido escenario de múltiples accidentes a lo largo de los años. Aun así, sigue siendo la puerta de entrada preferida para quienes buscan acceder rápidamente a los Alpes franceses y disfrutar de sus deportes invernales.
A simple vista, podría parecer que las alternativas aéreas cercanas restan importancia al altipuerto. No obstante, la combinación de historia, exclusividad y desafío técnico mantiene a Courchevel como un referente único en la aviación mundial.
